ENTREVISTA A ELIA BARCELÓ AUTORA DE EL COLOR DEL SILENCIO (@elia_barcelo @RocaEditorial)

¡Hola a todos!
Hoy me hace especial ilusión compartir con vosotros la entrevista que hace unos días realicé a la encantadora Elia Barceló, autora, como imagino que sabéis, de El color del silencio, una novela de la que os hablé hace poco y que me encantó (aquí os dejo el enlace a mi reseña por si queréis leerla). Ahora os dejo con esta extensa y interesantísima entrevista, espero que la disfrutéis tanto como yo, os dejo con ella:
Hola, Elia, antes de comenzar con
la entrevista, además de agradecerte tu amabilidad por colaborar con mi blog,
me gustaría que nos hablaras un poco sobre ti. ¿Quién es Elia Barceló?

Es
una pregunta dificilísima… ¿quién soy yo? Para mí está tan claro… y sin
embargo, ¿cómo voy a ponerlo en un par de líneas?
Soy,
en la base, la misma que era de pequeña: una persona curiosa, apasionada,
imaginativa, amante de la libertad –sobre todo de la libertad de atarme
voluntariamente a lo que amo–, familiar, enamorada de la vida, alegre,
optimista, trabajadora, viajera, ciudadana del mundo; siempre dispuesta a
sorprenderme y a asombrarme. Sé que no me dará tiempo a hacer todo lo que
quiero hacer, pero siempre he sentido que la vida es un regalo que hay que
disfrutar y hay que aprovecharla mientras dure.
¿Cuándo
supiste que querías ser escritora? ¿Qué fue lo primero que escribiste? ¿A qué
edad lo hiciste?
Yo
nunca decidí ser escritora. Es algo que fue llegando poco a poco. De pequeña
–estoy hablando de los siete u ocho años– les contaba cuentos de miedo y
misterio a mis amigas y me encantaba notar cómo se les iban abriendo los ojos a
medida que hablaba y el miedo que pasaban después cuando se tenían que ir a
casa. A los doce años escribí mi primer relato –incompleto, claro, y de ciencia
ficción porque era lo que me gustaba ver en las series de la tele– y a los
dieciocho terminé el primero, muy breve pero completo. A los veintidós publiqué
por primera vez en mi vida en un fanzine de CF que acababa de aparecer en
Barcelona: Kandama; luego vino Nueva Dimensión, la única revista
profesional que existía, todo un honor, y, poco a poco, más relatos en más
revistas y fanzines, hasta que en 1989 publiqué mi primer libro –Sagrada– en la colección Nova, de
Ediciones B. Pero incluso cuando gané el Premio UPC en 1992 con El mundo de Yarek y leí en los
periódicos lo de “escritora alicantina”, me sonaba falso, como si me hubiese
colado en una boda sin invitación. Creo que fue en el tercer o cuarto libro
cuando empecé a creerme que era escritora. Pero inventar historias es algo que
siempre me hizo feliz, y cuando adquirí el instrumental y la disciplina
necesarios, empecé a ser feliz escribiéndolas.
¿Tiene
tu vida profesional relación directa con tu faceta como escritora?
Sí;
tengo la suerte de que desde hace más de treinta años y hasta hace un par de
meses he estado trabajando en la universidad, dando clases de literatura
hispánica, escritura, y mentalidad, con lo cual he podido desarrollar dos
facetas complementarias dentro de la literatura: por un lado la parte
analítica, académica, el trabajo sobre los textos de otros autores, y por otro
lado mi propia carrera de escritora, mi forma personal de narrar, mis temas, mis
experimentos formales. Ha resultado muy enriquecedor. Ahora he dejado el
trabajo académico y empiezo una nueva fase en la que puedo dedicarme solamente
a mi faceta creativa.
¿Cómo
te formaste como escritora?
Me
imagino que como todos los escritores que vivieron antes que yo: leyendo y
aprendiendo de los maestros anteriores, casi todos muertos. En mi época no
había talleres literarios, ni carreras universitarias. Cuando una quería
escribir, se fijaba en cómo lo hacían los escritores que admiraba, analizaba su
forma de trabajar y poco a poco iba mejorando, algo así como lo de “learning by
doing” que se dice ahora.
¿Tienes
alguna manía al ponerte a escribir?
Ninguna.
Con un trabajo y una familia, además de la escritura, nunca me he podido
permitir el postureo, aparte de que nunca me ha parecido atractivo eso de hacer
de “artista”. Cuando los niños eran pequeños escribía a saltos, aprovechando
los tiempos muertos entre otras actividades; luego, poco a poco, cada vez más
seguido, con más tranquilidad. Si puedo pedir, prefiero que no haya muchas
interrupciones y que haya silencio o una música que no interfiera, pero igual
puedo trabajar en aviones, trenes, cafeterías, aeropuertos, en una casa llena
de gente… donde sea.
¿Prefieres
algún lugar o momento a lo largo del día para escribir?
Me
gusta trabajar en mi estudio, rodeada de mis plantas, mis libros y mis cosas, y
a cada momento del día le veo una gracia. A veces es muy bonito escribir por la
noche, con unas velas encendidas, y otras veces con la luz dorada del primer
sol, o cuando empieza a nevar y parece que estás encerrada en un pisapapeles de
cristal. Pero, una vez que entro en mi historia, el mundo de afuera se
desdibuja y pierde importancia.
Antes
de iniciar una novela, ¿la planificas mucho o te dejas llevar por la
inspiración?
Antes
de empezar a escribir me he pasado meses amontonando materiales, durmiendo mal,
pensando en mi novela casi constantemente, saturando mi subconsciente o algo
parecido; y cuando creo que ha llegado el momento de escribir, sé dónde empieza
la historia, quién la cuenta y adónde quiero llegar. Hay unas cuantas escenas
que tengo clarísimas, casi como si las recordara, y quiero escribirlas por
encima de todo, pero muchas veces no sé qué hay entre unas y otras. Esa es la
parte que tengo que inventar sobre la marcha y para eso confío en mi
subconsciente, que ha estado haciendo cálculos durante mucho tiempo sin que yo
me entere apenas.
¿Eres una escritora de las que
escriben a mano o te decantas por las nuevas tecnologías?

Puedo
escribir a mano si no hay más remedio o si por lo que sea es más cómodo, pero
normalmente uso el ordenador y, en los viajes, el portátil. Ahora estoy
contestando a tus preguntas en el portátil mientras un avión me lleva de
Frankfurt a México.

¿Cómo
es un día en la la vida de una escritora como tú?
En
estado ideal es una cosa muy poco esplendorosa y llamativa. Me levanto
temprano, a la vez que mi marido, y cuando él se va a trabajar, yo me pongo a
escribir. En las pausas hago cosas rutinarias de la casa: poner una lavadora,
hacer la cama, preparar algo de comer. Según esté el tiempo, salgo a andar una
hora por la mañana o por la tarde. Trabajo hasta las seis o seis y pico, voy a
hacer gimnasia, o yoga o a nadar, vuelvo a casa y ya hacemos la cena –solos o
con amigos o hijos si están de visita– cenamos, vemos un capítulo de una serie
o una película (si estamos solos), y luego a la cama, a leer y a dormir.
¿Eres
aficionada a la lectura? ¿Le dedicas muchas horas al día?
No
conozco ningún escritor que no sea lector compulsivo. Yo lo soy. Leo mucho, muy
variado, en varias lenguas y no concibo un día sin leer. Tengo la suerte de que
leo muy rápido pero aún así le dedico a la lectura un mínimo de dos horas al
día.
¿Qué te
gusta leer?
Soy
omnívora. Me gustan varios géneros narrativos: fantástico, ciencia ficción,
terror, psicológico, histórico, negro… También leo ensayo, sobre todo cuando es
histórico o prospectivo, o cuando estudia las reacciones de los seres humanos,
pero también disfruto mucho de los ensayos sobre historia del arte, astronomía,
astronáutica, medicina, arqueología… uf… mil cosas. De vez en cuando algún
poeta de los que me tocan el alma y alguna vez teatro, pero mucho menos.
¿Eres
lectora de libros de papel o también lees e-books?
De
todo. Hace cinco o seis años que tengo e-book y lo uso mucho sobre todo para
los viajes o para leer en la cama sin molestar. Una cosa que me encanta es lo
de poder empezar a leer el libro que me apetece treinta segundos después de que
se me haya ocurrido la idea. Tiene también la ventaja de que los libros
digitales no ocupan espacio, pero de todas formas todas mis paredes están
llenas de libros de papel que me acompañan, me arropan, y me permiten entrar en
otras realidades. Y cuando un libro en digital me ha gustado mucho, lo compro
en papel para tenerlo físicamente y como homenaje al autor o autora.
¿Cuál
es tu autor favorito? ¿Nos podrías recomendar una obra suya?
Hay
muchos, realmente muchos… pero por encima de todo recomiendo los relatos de
Julio Cortázar, 1984, de George Orwell,
Posesión, de Antonia Byatt, Rebecca, de Daphne du Maurier, y la
poesía de Leonard Cohen. Y otro par de docenas más, claro J
¿Recuerdas
algún libro de tu infancia con especial cariño? ¿Cuál es? ¿por qué le tienes
cariño?
Recuerdo
con mucho amor las novelas de Julio Verne y las de H.G. Wells, que me regalaba
mi padre para que fuera abriendo la mente a lo maravilloso –la primera a los
once años, Viaje al centro de la tierra–;
El Principito, de Antonie de Saint
Exupéry, regalo de mi abuelo; Cuentos de
la Alhambra
, de Washington Irving, con ilustraciones, y un poco después los
relatos de Edgar Allan Poe y Ray Bradbury. Y también una novela llamada Rika, de Adele de Leeuwe, que me
contagió el amor por los viajes a lugares exóticos. Pero antes incluso de saber
leer bien, recuerdo las maravillosas ilustraciones a color de un libro de
cuentos orientales, llenos de magia, y de otro de leyendas europeas, con
príncipes y princesas y dragones y bosques cubiertos de nieve.
Me
acuerdo perfectamente de mí misma, de pequeña, leyendo esos libros, dejándome
llevar a otras realidades y otras situaciones, olvidándome de la vida cotidiana,
empezando a sentirme ciudadana del mundo, saltando en el tiempo y en el espacio.
Era maravilloso. Para mí la lectura y los primeros libros fueron un
deslumbramiento.
¿Qué
estás leyendo ahora?
He
terminado Behind her eyes, de Sarah
Pinborough, que me recomendaron mucho y con la que lo he pasado muy bien, y
estoy leyendo Shadow Show, una
antología de relatos de muchísimos excelentes autores como homenaje a Ray
Bradbury. También llevo entre manos un ensayo muy interesante de Lynne Kelly –The memory code– y dos estupendas
antologías de relatos en español: Alucinadas
III
, y Dark Fantasies. También
quiero mencionar la antología del I Premio Ripley para escritoras de
ciencia ficción, que yo he prologado, y que me ha gustado muchísimo.
Si
tuvieras que recomendar una novela, ¿cuál sería?:
Voy
a recomendar dos de mis favoritas, una de una mujer y otra de un hombre: The way the crow flies (Así vuela el cuervo), de Anne Marie
MacDonald, y The Magus (El mago), de John Fowles. Yo leo casi
más en inglés que en español y muchas de las obras que más releo han sido
escritas por anglosajones.
¿Qué
autores clásicos y contemporáneos te han influenciado como escritora?

Edgar
Allan Poe, Gustavo Adolfo Bécquer, Julio Cortázar, Gonzalo Torrente Ballester,
Ursula K. Le Guin, Ray Bradbury, William Shakespeare, Miguel de Cervantes, Stephen
King, Shirley Jackson, Daphne du Maurier… Creo que casi todos los escritores
que he leído me han influenciado de un modo u otro.
¿Hay
algo que haya influido en tu manera de escribir, como la música, el cine,
alguna viviencia, tus raíces…?
El
cine, muchísimo; la pintura, la historia… Una gran influencia es el pasado, el
mío propio –mis recuerdos personales– y los recuerdos de otras personas de mi
familia, de cosas que me han contado.
Una
de mis aficiones más amadas es el estudio de la vida cotidiana de épocas
pasadas; me encanta leer sobre cómo se vivía en otros tiempos. Me gusta mucho
la historia del arte, especialmente la pintura y la arquitectura. Puedo
perderme en un museo durante un día completo, hasta que cierran. También me
gusta mucho dibujar lo que veo cuando estoy de viaje en algún lugar, nada
grande, detalles que me llaman la atención y que dibujo en mi cuaderno para
recordarlos después. Ah, y cocinar… eso me encanta. Es lo más parecido a la
magia que una puede hacer, además de que pone contenta a la gente. Y por
supuesto, las plantas, los árboles, las flores… una de las cosas que más me
gusta es plantar, trasplantar, recortar, mirar todos los días cómo se va
desarrollando una plantita hasta hacerse grande y preciosa, hacer rincones
bonitos combinando colores y formas…
Todo
eso, de algún modo, influye en mi modo de ver el mundo y, por tanto, en lo que
escribo, pero supongo que mi mayor influencia desde pequeña, aparte de la
literatura, fue el cine: iba todas las semanas una o dos o hasta tres veces, y
como entonces lo normal era programa doble y sesión continua, muchas veces
entrabas ya empezada una película de la que no sabías nada y tenías que
explicarte a ti misma lo que estabas viendo hasta que –después de la siguiente
película– volvía a empezar desde el principio y te dabas cuenta de si habías
tenido razón con tus imaginaciones. Creo sinceramente que eso me enseñó mucho.
Sobre
El color del silencio:
¿De
dónde surgió la idea de escribir esta novela?

Surgió
en parte de la lectura de La
conspiración del general Franco
, de Ángel Viñas, y en parte de mi
experiencia propia en una constelación familiar, y por supuesto también de
cosas que había oído contar a familiares y conocidos sobre tiempos pasados. Una
nunca sabe bien de dónde sale una historia, pero está claro que es como si te
encuentras de pronto con una enorme caja llena de teselas de colores y empiezas
a moverlas porque sabes que si las colocas bien darán una imagen sorprendente y
quizá hermosa.
¿Tiene
alguna historia real detrás? ¿Es muy diferente de la que acabas explicando en
tu novela?
Tiene
muchos detalles reales que pertenecen a historias vividas por personas reales,
pero el montaje da una historia de ficción que se parece mucho a la realidad
aunque no sea exactamente así como sucedieron las cosas.
¿Qué
fue lo más complicado de la escritura de El
color del silencio
?
¿Lo
más complicado? No sé bien. No lo recuerdo como un trabajo particularmente
complicado porque yo siempre sabía adónde iba y qué era lo que quería decir.
Quizá ajustar la cronología para que todo fuera plausible y no hubiese fallos.
¿Tenías
claro desde el principio cómo escribirías la novela?
Sí,
muy claro. Para mí es absolutamente necesario tener claro el cómo; mucho más
que el qué. Si no sé quién narra, ni cuánto sabe de la materia narrada, ni si
es de fiar, ni cómo va a presentar los materiales que forman la historia no
puedo escribir ni avanzar. Una novela es cómo se cuenta lo que se cuenta,
aunque mucha gente piense que lo más importante es la anécdota que se narra;
pero no es así: con la misma anécdota se pueden hacer muchísimas novelas diferentes
según se narren, según quién narre, según cómo se vayan ofreciendo al lector
los hechos. Si una novela de crímenes, por poner un ejemplo, se narra directa y
claramente, sin misterios ni secretos ni dudas ni sospechas, lo que sale es muy
diferente a lo que uno quiere leer cuando se compra una novela negra que hace
hincapié sobre todo en ir descubriendo paulatinamente lo que al principio no se
comprende.
¿Cómo
fue ese momento de ponerte a escribir la primera frase de la novela?
Yo
siempre disfruto mucho de ese primer momento, de la primera frase que escribo y
que luego no tiene que ser necesariamente la primera frase que leerá el lector,
aunque yo suelo trabajar en el mismo orden en que luego se va a leer. En El color del silencio, lo primero fue
Helena en el hotel, yendo a la constelación. Esta vez el sueño lo añadí
después, porque me gusta usar sueños en mis novelas y éste me resultaba muy
útil para crear el tono y el ambiente de la novela, para introducir al lector
en el mundo del pasado, de Marruecos y de La Maga.
¿Te
llevó mucho tiempo escribirla?
Poco
más de un año, y podría haberla escrito más rápido si no fuese porque tuve
muchas horas de fisioterapia y mucho trabajo en la universidad que se había
amontonado, ya que me estaba recuperando de una fractura triple muy mala cuyas
consecuencias aún arrastro. Lo pasé tan bien escribiéndola que sacaba tiempo de
donde fuera para ponerme a trabajar pero, claro, tenía que corregir montones de
trabajos y tesinas de estudiantes y preparar clases nuevas.
Para
los que no conocen tu novela, ¿qué destacarías de ella? ¿Por qué debería el
lector elegirla?
Pues
no sé por qué un lector, una lectora en abstracto debería o no elegir esta
novela. Estoy segura de que habrá gente a la que no le apetecerá la historia
que cuento; los lectores están cada vez más especializados y hay muchos que
sólo leen un género concreto y nada que se salga de él. Si se tratase de un
lector parecido a mí, yo le recomendaría la novela sin dudar porque trata
muchos temas importantes: la narración, reconstrucción y remodelación del
pasado, tanto el privado como el nacional; las relaciones familiares y los
temas que, por lo que sea, son tabú en una familia; la importancia de las
palabras que uno dice sin pensar y dañan para siempre a las personas que uno
más quería; los secretos que se guardan durante décadas y se van pudriendo
dentro… y un par de temas que prefiero no desvelar aquí para no estropearle
sorpresas a un posible lector. Pero creo que lo más importante a la hora de
recomendar esta novela sería que el lector me acompaña en una búsqueda de
respuestas ocultas en el pasado. Todo lector es un voyeur que quiere desvelar los secretos más íntimos de los
personajes. Aquí podrá entrar en pensamientos y sentimientos de los que, en la
realidad, siempre quedan guardados, a salvo de miradas indiscretas, y aquí uno
puede acceder a ellos y comprender qué sucedió realmente.
Y
además, yo disfruté muchísimo escribiéndola y creo que eso se nota al leerla,
en el ritmo, en mi relación con los personajes, en el amor por los lugares y
los tiempos en que sucede la acción.
Creo
que es una forma estupenda de pasar un par de días de lectura, sinceramente.
Sabemos
que dentro de poquito saldrá publicada una nueva novela tuya: El secreto del orfebre, ¿nos puedes
avanzar algo sobre ella?

Se
trata de la reedición de una de mis novelas favoritas, una de las novelas que
más traducciones y más éxito ha tenido en otros países, pero esta vez sale con
texto nuevo, de modo que incluso los lectores que ya la conocían encontrarán
algo que no habían leído. Llevaba unos años descatalogada y con frecuencia me
preguntaban cómo se podía conseguir, pero hasta la fecha sólo se podía
encontrar en las bibliotecas públicas. Por eso me alegro tanto de que Roca
editorial haya decidido recuperarla. Sale ahora, en noviembre, con una cubierta
muy bonita, una joya que hace honor al título. En cuanto al contenido, sólo
puedo decir (para no estropear la lectura) que es una hermosa historia de amor
con un elemento fantástico que nos permite girar en el tiempo y jugar con el
pasado y el presente. Es una historia preciosa, de verdad. Muy nostálgica. Muy
potente.
¿Estás
trabajando en un nuevo proyecto? ¿Nos puedes contar algo sobre él?
Yo
siempre estoy trabajando en algo. Muchas veces, como decía Cervantes, incluso
en algos… Tengo tres novelas empezadas, de distintos géneros y estilos, pero de
momento la que va ganando es una historia realista que vuelve a tratar uno de
mis temas favoritos: el pasado, los secretos de las vidas y la imposibilidad de
saber desde el presente quién fue alguien, cómo fue su vida, qué dolores y
alegrías marcaron su existencia, cómo se sentía a sí mismo. Por mucho que uno
pretenda saber sobre una persona, incluso una persona muy, muy cercana, siempre
hay zonas de sombra, abiertas a la interpretación posterior, cosas que uno
nunca sabrá y tendrá que limitarse a suponer, a imaginar, a crear una ficción
aceptable, en definitva.
¿Cuáles
son tus propósitos para el próximo 2018?
Va
a ser un año lleno de viajes porque El
color del silencio
está teniendo muy buena acogida y me han invitado a
muchos sitios: clubs de lectura, festivales, conferencias, ferias del libro…
Además en Alemania acaba de salir y tengo también muchas fechas comprometidas.
En primavera Roca reeditará Las largas sombras,
una novela que a mí me gusta mucho, en la línea de El color del silencio, que en su momento pasó
desapercibida y que ahora va a tener una segunda oportunidad. De todas formas,
no pienso dejar que todo eso me quite el tiempo que quiero dedicarle a la
escritura; me las arreglaré para llevarlo todo, pero me temo que tendré que escribir
muchas horas en medios de transporte 😉
¿Qué consejos
darías a los escritores noveles que desean que sus novelas sean publicadas?
Voy
a decir algo que posiblemente no le guste oír a ese hipotético escritor que
comienza: lo primero es que piense menos en publicar y mucho más en escribir,
en aprender a dominar el oficio al que piensa entregar su vida. Un escritor de
raza vive para escribir más que de escribir. Eso es lo de menos.
Claro
que es estupendo publicar, y ganar dinero con tus libros, pero eso –si llega–
viene después. Uno tiene que querer escribir por encima de todo, amar y dominar
la lengua, que es su única herramienta, y la literatura, que es el escaparate
de lo que se puede hacer, de lo que ya se ha hecho, de lo que se ha hecho muy
bien, y muy mal. Luego pasar mucho tiempo escribiendo, aprendiendo, mejorando,
puliendo. Después ya, cuando tiene algo que no le da vergüenza enseñar, puede
plantearse presentarlo a un concurso modesto, por ejemplo, o a una revista si
se trata de un relato, o a una editorial especializada en el género en el que
uno trabaja y así, poco a poco, ir dándose a conocer.
Hoy
en día también existe la posibilidad de la autopublicación online, pero yo no
lo recomiendo porque eso elimina los filtros y los posibles consejos de un
editor profesional, lo que puede ser muy útil y necesario a una persona que
empieza.
Una
cosa que está haciendo mucho daño a todo aspirante a escritor es ese afán que
tenemos hoy en día de llegar a la fama y el dinero de un solo pelotazo, a ser
posible con lo primero que uno ha hecho en esta vida; esa idea de que con las
primeras doscientas páginas de novela que has escrito puedes “ser descubierto”
por una enorme editorial que va a poner a tu disposición todos sus recursos
para hacer tiradas de millones de ejemplares, promocionarla y venderla en
noventa países; la loca ilusión de que luego ya puedes vivir a lo grande el
resto de tu vida. Esperar eso no es razonable y causa muchísima frustración
cuando lo esperabas y no sucede.
En
mi opinión, la escritura es, como todo en la vida, una combinación de cuatro
factores: talento, trabajo, constancia y suerte. Dos de ellas dependen
exclusivamente de ti –el trabajo y la constancia, y sin ellas nunca llegarás a
ninguna parte– pero las otras dos son externas. Si tienes el talento de
partida, sumando trabajo y constancia puedes llegar bastante lejos; pero no hay
que olvidar que la suerte es un factor determinante, y eso no lo controlas. Si
la suerte se añade, te puede ir maravillosamente, al menos durante una
temporada, pero nunca debes olvidar que la suerte no es algo que te hayas
merecido ni ganado. Es decir, que si has tenido suerte y te va muy bien durante
un tiempo, tampoco debes pensar que eres primo de dios y lo mejor que le ha
pasado al planeta desde Shakespeare. La modestia en este oficio es básica para
mantener un buen equilibrio mental que te permita seguir escribiendo sin
sobresaltos.
Además
siempre recomiendo a todos los que empiezan que no se les ocurra abandonarlo
todo para dedicarse únicamente a escribir. Eso tampoco es razonable porque te
pone en una situación desesperada y necesitas que cualquier cosa que salga de
tu teclado se transforme en dinero rápido. Lo ideal, en mi opinión, es tener un
trabajo a tiempo parcial que te permita pagar las facturas, y en el resto del
tiempo escribir lo que de verdad quieres escribir, lo que sale de lo más
profundo de ti, sin que tengas que pensar a quién se lo vas a vender cuando
esté listo. Otra opción, claro, es compartir tu vida con otra u otras personas
que aporten el dinero necesario para la buena marcha de la vida cotidiana
mientras tú te dedicas a la literatura con la esperanza de llegar en algún
momento a ganar lo bastante como para aportar unos ingresos regulares a esa
pequeña comunidad, sea una familia u otra cosa.
Y
todo esto lo digo por experiencia propia. Yo empecé hace más de treinta años
muy poco a poco, desde muy abajo, al principio sin cobrar un duro, subiendo muy
lentamente en la escala editorial hasta ir llegando a un nivel de traducciones
a muchos países y ventas de miles de ejemplares. Durante todos estos años
trabajé en la universidad a media jornada, lo que me permitía estar en contacto
con la literatura, leer mucho y trabajar con textos. Ahora ya he dejado la
universidad, pero sigo colaborando con frecuencia en proyectos que me atraen
aunque no den dinero y, lo más importante, nunca he tenido que escribir nada
para poder sobrevivir.
Siempre
he escrito lo que quería escribir. Eso, para mí, es una compensación
maravillosa: la libertad de hacer lo que quiero hacer. Además de que yo
disfruto escribiendo, no soy de esos escritores que sufren. Si sufriera, haría
otra cosa. Esta vida es demasiado corta para pasarla sufriendo si puedes
evitarlo.
Por
eso mi último consejo sería: si no te gusta escribir y se te hace difícil
encontrar un tiempo para hacerlo, o te da mucha pereza, o no se te ocurre
nada… no escribas. Haz otra cosa. Si lo que te gusta del asunto es la idea de ser escritor, pero no te apetece
pasarte horas y horas en soledad, trabajando sin saber si vas a conseguir que
alguien lo lea… dedícate a otra cosa. Escribir es un regalo en sí, es su
propia compensación. Si escribes por dinero, o por fama, o para que te hagan
entrevistas y te inviten a ferias y festivales pero en la base detestas
escribir… haz otra cosa. Hoy en día vivimos en un mundo donde puedes
conseguir fama y dinero con las actividades más peregrinas, de modo que busca
otra y deja la escritura para los que no pueden imaginar su vida sin ella,
aunque no haya más compensación que el haber escrito una buena historia y, por
un tiempo, haber vivido junto a unos personajes de tu invención unas peripecias
que tú has creado.
Para
acabar, si quieres decir algo a los lectores de esta entrevista, las siguientes
líneas son todas tuyas.
Llegados
a este punto, lo único que quiero decir expresamente es “gracias”. Me parece
asombroso que alguien haya leído hasta aquí y le estoy muy agradecida a quien
lo haya hecho. El tiempo de nuestra vida es limitado, lo que hay por leer es
inabarcable y si tú, lectora, lector, has dedicado tanto tiempo a esta
entrevista, espero haberte compensado un poco. Así me conoces un poquito más,
pero te recomiendo que leas alguna de mis novelas o mis cuentos; ahí es donde
mejor puedes conocerme y donde más disfrutarás, al menos eso espero.

Y
quizá pronto nos conozcamos al natural en alguna feria o festival. Recuerda que
tú pones la otra mitad del milagro. Hasta que tú abres el libro y empiezas a
leer, lo que hay entre las tapas son sólo bichitos negros dormidos, curvados
sobre sí mismos, esperando. Tú los haces vivir y les añades tus recuerdos y tus
sentimientos. Tú y yo, entre los dos, hacemos grandes cosas J

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1 respuesta

  1. Gracias por la entrevista porque este libro me interesa y gusta saber de quien lo ha escrito y un poco que le rodea.

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