ENTREVISTA A INMA LÓPEZ SILVA AUTORA DE ‘LOS DÍAS IGUALES DE CUANDO FUIMOS MALAS’ ( @inmalopezsilva @SigueLumen )

¡Hola a todos!
Hoy quiero compartir la entrevista que hice hace escasos días a Inma López Silva, autora de la genial novela Los días iguales de cuando fuimos malas, una maravillosa novela de la que en breve os hablaré y que ha sido publicada por Lumen.
Os dejo con la entrevista: 
Hola, Inma,
antes de comenzar con la entrevista, además de agradecerte tu amabilidad por
colaborar con mi blog, me gustaría que nos hablaras un poco sobre ti. ¿Quién es
Inma López Silva?
Soy una escritora gallega y crítica teatral, nacida en Santiago de
Compostela. Después de haber estado dando tumbos por el mundo entre París y
Nueva York, me he instalado definitivamente en Vigo, donde vivo esencialmente
feliz mirando diariamente el paisaje más maravilloso del mundo que es el mar
con las Islas Cíes al fondo.
¿Cuándo
supiste que querías ser escritora?
A los 16 años, cuando me presenté a un concurso literario para conseguir
dinero para pagarme mis vacaciones en Alemania de ese verano y lo gané. Fue una
decisión puramente interesada…
¿Qué fue lo
primero que escribiste? ¿A qué edad lo hiciste?
A los ocho años me hice una pequeña celebridad en mi clase con un relato
sobre el recorrido de una gota de agua desde su nube hasta el mar. Al menos eso
es lo primero que recuerdo. ¡Me pasé un fin de semana escribiéndolo!
¿Tiene tu
vida profesional relación directa con tu faceta como escritora?
Sí. Soy teórica de la literatura, aunque me especialicé en teoría teatral,
la materia que enseño en la Escuela Superior de Arte Dramático de Galicia.
Además soy columnista en prensa.
¿Cómo te
formaste como escritora?
Creo que no puedo diferenciar mi construcción como escritora de mi
construcción como lectora. Siempre he sido muy consciente de estar integrando
un aprendizaje a través de mis distintas lecturas. Además creo que ha habido un
momento importante, un salto técnico, por así decirlo, durante los años de
formación teórico-literaria en la universidad, pero después entendí que todo
eso era más paralizante que estimulante, y decidí separarme de ella para poder
escribir… Como decía Lope de Vega, hay que encerrar a los clásicos y
preceptos en un cajón bajo siete llaves, aunque es importante, creo, haberlos
conocido. Y ahora estoy en un punto en el que entiendo que mi vida personal (mi
maternidad, por ejemplo, mi contacto con personas con vidas duras muy
diferentes de la mía) son esenciales. Por tanto, soy una escritora en formación
y siempre lo seré.
¿Tienes
alguna manía al ponerte a escribir?
Sí: si puedo, escribo descalza.
¿Prefieres
algún lugar o momento a lo largo del día para escribir?
No. ¡La vida ajetreada me obliga a aprovechar cualquier oportunidad!
Antes de
iniciar una novela, ¿la planificas mucho o te dejas llevar por la inspiración?
No la planifico, aunque no sé si lo que más se ajusta a lo que hago es
inspiración… En realidad, me paso mucho tiempo dándole vueltas al tema sobre
el que quiero escribir, me documento mucho, imagino personajes y anoto cosas,
me dejo llevar por cuestiones adyacentes, y escribo fragmentos. En ese proceso,
llega un momento en el que necesito dar forma a la historia. No sé si es un
impulso, una inspiración, o la necesidad de empezar a poner orden… A partir
de ahí, escribo continuamente; lo asumo como un trabajo que hay que terminar. A
veces hago todo el proceso de golpe. Otras veces, voy parando, corrigiendo,
revisando… Pero ni siquiera en ese momento planifico. No hago esquemas, ni
fichas, ni diagramas conceptuales, ni nada de eso que hacen algunos escritores.
Yo me dejo llevar por la propia narración. Finalmente, antes de dar una obra
por terminada, la doy a leer a un par de personas de mucha confianza que
siempre me sugieren cosas que incluyo en mi revisión total, que es un proceso
al que también dedico bastante tiempo.
¿Eres una
escritora de las que escriben a mano o te decantas por las nuevas tecnologías?
A pesar de que tengo una de las peores letras que seguramente hayas visto
en tu vida, tomo notas a mano en libretas bonitas (soy una fetichista de la
papelería) sobre todo tipo de cuestiones, algunas que acaban en novelas, otras
que acaban en artículos y otras que son reflexiones más filosóficas, teóricas o
críticas para los ensayos. Mis libretas son un cajón de sastre de ideas,
reflexiones y conceptos. Pero las novelas y los cuentos los escribo siempre a
ordenador.
¿Cómo es un
día en la vida de una escritora como tú?
No es distinto de cualquier otra mujer trabajadora con dos hijas muy
pequeñas (3 años y 20 meses). Voy a mil a todas partes, y a dos mil cuando hay
intensidad promocional. Pero me las arreglo. Siempre encuentro ese momento en
el que me evado y escribo, por mucho ruido que haya alrededor, por mucho Frozen
y Clan TV que se oiga ahí al lado, y por mucho mamá esto mamá lo otro que me
bombardee, a veces incluso fisicamente en forma de golpecitos en las piernas.
De niña vivía en una casa pequeña y después la distancia a la universidad
siempre me ha obligado a estudiar en bibliotecas, así que aprovecho para la
literatura la capacidad de concentración que generé por necesidad cuando era
estudiante.
¿Eres
aficionada a la lectura?¿Le dedicas muchas hores a lo largo del día?
Sí. La literatura es mi vida. Leer forma parte de mi trabajo y es mi gran
placer. Si no llevo encima un libro y si no tengo una pila de libros en la
mesilla de noche, incluso cuando viajo, no me hallo.
¿Qué tipo de
literatura te gusta leer?
Soy lectora de novelas y de ensayos. Me gusta la novela norteamericana
contemporánea y no me gusta nada la novela policial (esto sé que es muy
impopular…). Por trabajo, evidentemente, leo mucha estética y mucha
filosofía, que me gustan, pero lo que más me gusta en la no ficción son las
biografías y autobiografías.
¿Eres
lectora de libros de papel o también lees ebooks?
Leo fundamentalmente en papel. Como decía Umberto Eco, el libro me parece
un invento casi perfecto. Pero no tengo animadversión al ebook, solo que veo
mejor en papel. ¡Y me parece utilísimo el ebook para ahorrar espacio!

¿Cuál es tu
autor favorito? ¿Nos podrías recomendar una obra de él?
Es difícil decir uno sólo, más que nada porque la cosa va por épocas,
empatías, sensibilidades…, ya sabes. Soy muy de Paul Auster (La trilogía de Nueva York), de Murakami
(1Q84), de Alice Munro y Margaret
Atwood, por nuestros lares Álvaro Cunqueiro es alguien al que siempre vuelvo, y
en poesía Joan Margarit y Olga Novo. Ahora
mismo estoy fascinada con la novela de una autora norteamericana llamada Hanya
Yanaguihara que ha escrito la que está siendo la mejor novela norteamericana
del 2016, Tan poca vida. Pero como
estas preguntas suelen referirse a clásicos, he de decirte que mi gran escritor
de cabecera es William Shakespeare. Su gran obra, en mi opinión, es Hamlet.
¿Recuerdas
algún libro de tu infancia con especial cariño? ¿Cuál es? ¿Por qué le tienes
especial cariño?
He pasado algunas de las mejores horas de mi niñez leyendo La historia interminable, de Michael
Ende. Lo asocio al paraíso perdido de la infancia, a esa época en la que el
tiempo se detenía y eras libre y feliz. Eso es para mí La histoira interminable.
¿Qué estás
leyendo ahora?
Estoy leyendo La teoría King Kong,
de Virginie Despentes
¿Si tuvieras
que recomendar una novela cuál sería?
¿De las mías? Los días iguales de
cuando fuimos malas.
¿De otra persona? Tan poca vida,
de Hanya Nayaguihara.
¿Qué autores
clásicos y contemporáneos te han influenciado como escritora?
(Los que citaba en la pregunta sobre el autor favorito.
¿Hay algo
que haya influido en tu manera de escribir como la música, el cine, alguna
vivencia, tus raíces…?
Todo influye. Por supuesto las vivencias y entiendo como vivencias,
también, el consumo cultural. Pero yo creo que en mi literatura hay un antes y
un después de la maternidad. Yo vivo la maternidad con mucho escepticismo y la
tengo muy desmitificada. Parte de mi acción feminista se orienta a desmontar el
mito de la mujer-madre para reivindicar la mujer-intelectual independizada y
alejada de su identidad biológica. Por eso, la maternidad me ha obligado a
reflexionar sobre mi propia identidad como mujer y, sobre todo, me ha proporcionado
una serie de vivencias y emociones que, a pesar de la vida loca y de poca
calidad a la que obligan las hijas, es de lo más enriquecedor que he vivido. Sé
que soy mejor escritora desde que soy madre no por una cuestión sentimental,
sino porque la maternidad me ha revuelto por dentro intelectualmente tanto por
el hecho en sí como por el contacto maravilloso y contradictorio con las niñas.
Eso, creo, es una gran lección feminista para mis hijas.
¿Tienes más
aficiones además de la literatura? ¿Nos podrías hablar un poco de ellas?
Toco el piano. Era una ilusión que tenía desde pequeña, y hace diez años
me compré un piano y me busqué una profesora que me enseñase a tocarlo.
¿Crees que
Internet y las nuevas tecnologías ha cambiado al lector actual? ¿Por qué?
Creo que todo eso nos ha hecho integrar la lectura mucho más en nuestras
vidas. No necesariamente la lectura literaria, pero desde luego que, con la
conexión permanente, la gente que no lee literatura se pasa la vida leyendo, y
creo que eso es algo que podemos aprovechar para captar lectores. Por otra
parte, como escritora, entiendo las nuevas tecnologías como una oportunidad
para estar mucho más próxima a las personas que me leen, que me construyen como
autora y que hacen que la opinión se democratice.
Hablemos
ahora sobre tu novela, Los días iguales
de cuando fuimos malas:
¿De dónde
surgió la idea de escribir esta novela?
Yo quería escribir sobre el mal y la falta de libertad desde un punto de
vista femenino, ya que las mujeres somos consideradas peores (desde lo de Adán
y Eva, ya sabes…) y eso nos hace menos libres. Estamos siempre bajo sospecha,
y esa cuestión, con sus derivaciones de orden ético, era el tema del que quería
ocuparme. Dándole vueltas a cómo unificar todos esos asuntos en el hilo
conductor de una posible trama, se me ocurrió la ambientación en un módulo de
mujeres de una cárcel, un lugar en el que, evidentemente, la falta de libertad
es omnipresente y donde todas están predefinidas como “malas” debido a que han
sido juzgadas como delincuentes. Una cárcel es, por definición, un depósito de
historias, y eso, sumado a la doble discriminación de esas mujeres por ser
mujeres y por estar presas, constituyó el germen inicial de la obra.
¿Cómo te
organizaste para escribirla?
Primero hice una labor de documentación importante sobre el mundo de las
cárceles, con lecturas sobre el tema, entrevistas con personas que habían
estado privadas de libertad y funcionarias de prisiones, visitas a cárceles y,
finalmente, me puse a escribir basicamente según la fórmula que te contaba más
arriba en la pregunta sobre la planificación de una novela.
¿Tiene
alguna historia real detrás? ¿Es muy diferente de la que acabas explicando en
tu novela?
Las historias de las mujeres presas son todas basadas en historias reales
que he podido conocer. La única que es totalmente inventada es la funcionaria,
Laura, con la que he querido hacer un personaje inquietante el atribuirle
cualidades masculinas (dominante) que contrastan con su condición de mujer
delicada que iba para bailarina.
¿Qué fue lo
más complicado de la escritura de Los
días iguales de cuando fuimos malas?
Enfrentarme a historias durísimas que me han obligado a replantearme
muchas cosas en mi visión del mundo. Pero eso ha sido, también, lo más
gratificante.
¿Tenías
claro desde el principio cómo escribirías la novela?
No. De hecho he practicado varios arranques, he cambiado cosas de sitio,
tardé un tiempo desde que empecé a escribir en dar con el formato metaliterario
que finalmente fue el definitivo, ya que me permitía encajar todas las cosas
(tan distintas) que quería contar.
¿Cómo fue
ese momento de ponerte a escribir la primera frase de la novela?
Pues no lo recuerdo, la verdad. Incluso, a día de hoy, no sabría decir
cuál fue la primera frase que escribí. Desde luego, no es la que figura en
primer lugar en el texto…
¿Te llevó
mucho tiempo escribirla?
Cinco años.
Para los que
no conocen tu novela, ¿qué destacarías de ella? ¿por qué el lector debería
elegirla?
Porque habla de lo que somos, como personas y como sociedad. En esta
novela se plantea nuestra hipocresía ante el mal, de nuestro juicio a personas
que a menudo son víctimas de una sociedad en la que participamos todos y en la
que también entre todos decidimos dejar en el camino a algunos que,
alegremente, calificamos como “malos”, para olvidarnos de ellos, para
esconderlos en las cárceles pensando que nosotros, los “buenos”, estamos libres
de pecado. Mi novela da la vuelta a la tortilla del bien y el mal y nos enfrenta
con nuestros fantasmas.
Y ahora
hablemos del futuro:
¿Tienes
alguna novela ‘esperando en el cajón’ a ser publicada?
Sí, tengo una ya terminada, una obrita ligera y corta que habla del amor,
que está en proceso de revisión. Pero todavía está verde…
¿Estás
trabajando en algún nuevo proyecto? ¿Nos puedes contar algo sobre él?
Sí. Ya me ronda la cabeza el siguiente tema: la verdad y la mentira.
¿Qué
consejos darías a los escritores noveles que desean que sus novelas sean
publicadas?
¡Uf, consejos! Yo sólo me atrevo a dar un consejo libertario: no escribir
lo que creas que quieren los demás sino lo que quieres tú. ¿Por qué no va a
haber gente por ahí a la que interese lo mismo que a ti?
Para acabar,
si quieres decir algo a los lectores de esta entrevista las siguientes líneas
son todas tuyas.
Con una entrevista tan detallada, ¿que puedo añadir? Gracias a ti,
Lectora de Tot, por invitarme a tu casa cibernética…
Muchas gracias, María, y mucha suerte con Los días iguales de cuando fuimos malas y tus proyectos futuros.

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3 Respuestas

  1. Qué maja es, verdad? Estupenda entrevista. Me dejas con muchas ganas de meterles mano al libro.
    Besos

  2. Yennely dice:

    No la conocía, gracias por la entrevista.

  3. Fesaro dice:

    Lo tengo en casa así que ahora lo leo con más ganas.

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