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ENTREVISTA A JAVIER NEGRETE, AUTOR DE EL ESPARTANO (@Planetadelibros )

¡Hola todos!
Hoy quiero compartir con vosotros la entrevista que hace unos días realicé a Javier Negrete. Os recomiendo que no os la perdáis, os dejo con ella:
Hola Javier, antes de comenzar con la entrevista, además de agradecerte tu
amabilidad por colaborar con mi blog, me gustaría que nos hablaras un poco
sobre ti. ¿Quién es Javier Negrete?

Puffff, empezamos fuerte, es una pregunta existencial que lo pone a uno
delante del espejo. Más que quién soy, cosa que no sé si averiguaré alguna vez,
puedo decir algunas cosas que soy: licenciado en Clásicas, profesor de Griego
en un instituto de Plasencia, el IES Gabriel y Galán, y escritor. Antes habría
dicho “novelista” sin más, pero en los últimos años me he dedicado también al
ensayo histórico, así que supongo que escritor es más correcto. Sobre todo, me
considero narrador, incluso a la hora de escribir historia.

¿Cuándo supiste que querías ser escritor?

Desde bien pronto. Mi primera novela la empecé a escribir con diez años, y
la acabé con once. Era una de romanos, que incluía dibujos, porque antes de eso
había hecho algunos comics. Después escribí algunas novelas más, pero no
intenté publicar hasta que terminé La Espada de Fuego a los veintidós
años, al mismo tiempo que terminaba la carrera. No lo conseguí en su momento,
pero no tardé mucho en publicar La luna quieta, en el 92… y desde
entonces.
¿Tiene tu vida profesional relación directa con tu faceta como escritor?

Aparte de escritor, soy profesor de Griego. Tiene relación en tanto que
también escribo mucho sobre el mundo clásico, desde novelas históricas como El
espartano
o Salamina hasta ensayos como La gran aventura de los
griegos
o Roma invicta.

¿Cómo te formaste como escritor?

De una forma intuitiva, leyendo mucho, viendo películas, series…
Aprendiendo por una parte a narrar y por otra a escribir, que son dos cosas
parecidas pero no iguales. Con el tiempo me fui formando mi propio taller de
libros especializados en el modo de crear escenas, diálogos, ambientación,
personajes, etc. Muchos de esos libros se repiten más que el ajo, pero también
se encuentran algunos interesantes.

¿Tienes alguna manía al ponerte a escribir?

No sabría qué decir. Me gusta tener buenas condiciones: un ratón lo más
ergonómico posible, un teclado suave y rápido, una pantalla ancha, porque suelo
tener abiertos en paralelo varios documentos…
¿Prefieres algún lugar o momento a lo largo del día para escribir?

Normalmente escribo en mi despacho, aunque si me queda alguna hora libre en
el instituto puedo usar cualquier ordenador fijo o portátil. En cuanto al
momento, cuando estoy muy liado con una novela utilizo todos los momentos
disponibles. Si hace falta, me levanto muy temprano, entre cuatro y media y
cinco para aprovechar antes de que el trabajo en el instituto me desgaste las
neuronas.

Antes de iniciar una novela, ¿la planificas mucho o te dejas llevar por la
inspiración?


Planifico bastante, aunque después, conforme escribo, descubro nuevas
ideas, o encuentro que hay escenas que sobran o personajes que no encajan tal
como son y hay que cambiarlos… No se trata de inspiración, sino de que al ir
avanzando en la novela me voy sintiendo cada vez más inmerso en el mundo que
describo y conozco más a los personajes. No obstante, hay algunos momentos en
que de pronto dos o tres cabos que parecían sueltos se anudan de golpe gracias
a una idea. Esos momentos son lo más parecido a la famosa inspiración. Concepto
que, por cierto, no suele gustarnos demasiado a los escritores.
¿Eres una escritor de las que escriben a mano o te decantas por las nuevas
tecnologías?


Uso el ordenador. Escribo bastante rápido con el teclado, mirando a la
pantalla, por lo que hacerlo a mano sería muy lento para la velocidad a la que
construyo las frases. Además, reconozco que cada vez escribo peor a mano… salvo
que sea en la pizarra de clase, ahí me sigo apañando bastante bien.

¿Cómo es un día en la vida de un escritor como tú?

Cuando estoy muy enfrascado en la novela, madrugo como te decía. A las ocho
ya estoy en el instituto, en el despacho de jefatura de estudios, y entre
trabajo de ese despacho y clases llego a la hora de comer. Como ligero delante
del ordenador, una cabezada, y a seguir escribiendo. En un momento dado, si
puedo, monto en bici o voy al gimnasio: siempre procuro hacer algo de deporte.
Si hay tiempo escribo un poco más y por fin ceno viendo una serie para
relajarme. Después a la cama, a leer un poco… Y vuelta a empezar. Si no estoy
en el proceso final de la novela, puedes sustituir escribir por leer.

¿Eres aficionado a la lectura?¿Le dedicas muchas horas a lo largo del día?

No creo que ningún escritor de verdad no sea aficionado a la lectura. Yo
leo constantemente, no sabría decirte cuántas horas. Más cuando estoy
preparando un libro y menos cuando ya estoy en la fase de escritura final, pero
siempre leo.
¿Qué tipo de literatura te gusta leer?

Como vicio, me gusta sobre todo la ciencia ficción. Pero estoy abierto a
todo tipo de libros. Tiro mucho por el ensayo de divulgación histórica y
científica.
¿Eres lector de libros de papel o también lees ebooks?

Leo mucho en el Kindle, me resulta muy cómodo. Entre otros motivos porque
de tanto escribir y manejar el ratón suelo tener las manos y los brazos
doloridos, y me viene bien sujetar menos peso. Pero los libros físicos me
encantan. He llegado a tener tantos que me he visto obligado a desprenderme de
muchos. Hace poco en el Día del Libro regalé un libro a cada alumno de mi
instituto.

¿Cuál es tu autor favorito? ¿Nos podrías recomendar una obra de él?

No tengo autores favoritos, va un poco por épocas y por momentos de
interés. Cuando uno ha leído tanto, es complicado decidir si alguien es el autor
favorito. En CF podría señalar por ejemplo a Dan Simmons, con Hyperion e
Ilium. En fantasía, por supuesto, Tolkien. En novela histórica,
Alejandro Núñez Alonso con su serie de Benasur de Judea, que empieza con El
lazo de púrpura
.
¿Recuerdas algún libro de tu infancia con especial cariño? ¿Cuál es? ¿Por
qué le tienes especial cariño?

Seguramente, La colina de Watership, una epopeya protagonizada por
conejos, todo un clásico después de los años. Parece mentira cómo se puede
despertar el sentido de la maravilla con una historia que transcurre en la
Inglaterra rural y en un campo de acción de unos cuantos kilómetros.
¡Recomendable!

¿Qué estás leyendo ahora?

Muchos libros a la vez, es un vicio que tengo.
Entre otros, Stonehenge de Bernard Cornwell.

¿Si tuvieras que recomendar una novela cuál sería? 

Pues las que he
mencionado de Dan Simmons o La colina de Watership de Richard Adams.
Pero, en cualquier caso, depende de los gustos del lector con el que hable. La
última que le recomendé a un amigo que quería leer un libro que le enganchara
fue La cúpula de Stephen King. Que me maravilló con It, por
cierto.

¿Qué autores clásicos y contemporáneos te han influenciado como escritor? 

Eso me es imposible decirlo. Son muchas lecturas, mucho tiempo escribiendo… Voy
bebiendo de aquí y de allá. Para según que facetas de la escritura me fijo en
autores como Stephen King, Dan Simmons, John Irving, George R. R. Martin, Jack
Vance, Bernard Cornwell, Colleen McCullough, Alejandro Núñez Alonso… La lista
podría seguir y seguir.


¿Hay algo que haya influido en tu manera de escribir como la música, el
cine, alguna vivencia, tus raíces…?


El cine y las series forman parte de la narrativa actual, así que me fijo
mucho en películas y episodios que me interesan, tanto por la forma de manejar
las tramas, los tiempos, como, sobre todo, por los personajes. Vivimos una edad
interesante en la televisión, no tanto en el cine, y bebo mucho de la narrativa
de las series. Creo que eso puede hacer mis novelas más dinámicas e intensas.

¿Tienes más aficiones además de la literatura? ¿Nos podrías hablar un poco
de ellas?


Antes tocaba la guitarra, pero ya no tengo tiempo. Me gustan el cine y las
series, como he dicho, pero casi no las considero aficiones, porque procuro ver
cosas que me ayuden en lo que escribo y siempre estoy atento y tomando notas
mentales o físicas. Ahora bien, cuando salgo con los amigos para ver el fútbol
sí que considero que me estoy entregando a una afición 🙂
¿Crees que Internet y las nuevas tecnologías ha cambiado al lector actual?
¿Por qué?


Creo que básicamente se lee menos, al menos novelas. Tampoco he hecho un
estudio serio del asunto, pero hay mucha competencia en el mundo del ocio, y
las redes sociales nos tienen a todos muy distraídos y un tanto
desconcentrados, cuando la lectura requiere mucha concentración, tiempo y
soledad.
Hablemos ahora sobre tu novela, El espartano:
¿De dónde surgió la idea de escribir esta novela?

Era natural después de haber escrito Salamina, porque me faltaba la
batalla final de las Guerras Médicas, Platea. Por otra parte, en Salamina me
había centrado en Atenas, así que me faltaba la otra gran ciudad griega, su
antítesis, Esparta.
¿Cómo te organizaste para escribirla?

Primero leí, tomé muchas notas, empecé a apuntar personajes históricos que
iba a utilizar, y comprendí que necesitaba otros imaginarios, como Perseo y su
hermano Nabis, para la historia que quería contar.
¿Tiene alguna historia real detrás? ¿Es muy diferente de la que acabas
explicando en tu novela?


Se basa en Heródoto, la fuente principal para esa época. Pero me he tomado
licencias, como explico en efecto al final en un breve apéndice. Ahora bien,
las licencias son en puntos oscuros o poco conocidos, lo que los novelistas
llamamos “los huecos de la historia”. En lo fundamental, los grandes hechos son
tal como se cree -se cree, no se sabe- que ocurrieron.
¿Qué fue lo más complicado de la escritura de El espartano?

Todo ha sido complicado, pero sobre todo por circunstancias externas.
Primero laborales, como adaptarme a mi nuevo cargo de jefe de estudios adjunto
en el instituto, y después por problemas familiares y personales. Eso me ha
comido mucho tiempo y concentración. Pero, por suerte, al final encontré el
foco que necesitaba y la novela salió adelante.

¿Tenías claro desde el principio cómo escribirías la novela?

En realidad, no del todo. Cambié la voz narrativa que había elegido al
principio, que era la de un dios omnisciente exterior superponiéndose a los
personajes, y volví al punto de vista en tercera persona variable. También
modifiqué la estructura temporal. Así que podría decir que lo tenía claro… y
que cambié de idea. Según fui conociendo mejor a mis personajes y sintiéndome
más a gusto en su mundo, surgieron una forma y una estructura más sencillas y
naturales. Paradójicamente, lo más difícil de conseguir es la simplicidad.

¿Cómo fue ese momento de ponerte a escribir la primera frase de la novela?
Eso siempre me cuesta mucho, nunca me veo preparado. Pero por fin me decidí
y escribí: “Canta, ¡oh, diosa!, la cólera de Darío primero y después de Jerjes,
cólera que trajo incontables hordas de asiáticos a las orillas de Europa. Canta
la gloria de los Trescientos y su insigne sacrificio en las Puertas
Calientes…”.
Y luego nada de eso salió en la novela. A veces se borra mucho material.
De hecho, la primera frase de la novela la escribí cuando ya llevaba muchos
meses en ella. Porque lo habitual es reescribir el principio cuando ya sabes
bien de qué va tu narración.
¿Te llevó mucho tiempo escribirla?

Más de lo habitual. Mi primera sinopsis es de octubre de 2015. El primer
capítulo elaborado de abril de 2016. Todo esto lo puedo comprobar porque guardo
carpetas y archivos infinitos, tanto que yo mismo me pierdo. La novela debería
haber estado terminada en agosto de 2016… pero me fue imposible. Luego vinieron
mis problemas familiares, y no me pude concentrar en serio en ella hasta abril
de 2017, y por fin la terminé en julio, después de escribir en sesiones
intensivas y dormir muy poco.
Para los que no conocen tu novela, ¿qué destacarías de ella? ¿por qué el
lector debería elegirla?


Creo que, siendo una novela histórica, he sabido desembarazarme del peso de
la historia y de las fuentes, que a veces constriñen mucho, y crear la aventura
vital de un personaje, Perseo, con el que los lectores se identificarán, así
como con muchos de los personajes que lo rodean. También pienso que a los
lectores les llamarán la atención los antagonistas, los “malos”: en historias
de este tipo, de conflicto, épica y acción, los malos son casi más importantes
que los buenos. Tenemos al hermano del personaje, un tipo rastrero; al campeón
persa, Bagabigna, que es su némesis o su supervillano, según queramos verlo; y
al rey loco Cleómenes, personaje histórico cuya vida daría para varias
temporadas de una serie.
Respecto a la promoción de tu novela ¿qué haces para que el lector la
conozca?


Básicamente, entrevistas y comentar en Facebook y otras redes. También un
teaser que me ha rodado mi hermano Jose Negrete, artista polifacético donde los
haya.

Y ahora hablemos del futuro:

¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto? ¿Nos puedes contar algo sobre
él?
Acabo de terminar un libro de historia sobre la conquista de Hispania por
los romanos, que todavía no tiene título. Espero que salga en marzo si todo va
bien.
¿Cuáles son tus propósitos literarios para el 2018?

Tengo un ensayo pendiente para continuar con mi historia de Roma. En cuanto
a ficción, barajo un par de ideas en la cabeza, pero de momento no se han
concretado. La verdad es que después de la paliza de “El espartano” y del libro
de ensayo, me apetece relajarme unas semanas y dejar volar la imaginación
libremente… y leer mucho.
¿Qué consejos darías a los escritores noveles que desean que sus novelas
sean publicadas?


Mucha paciencia, mucha autocrítica. Buscar buenos lectores, no los que nos
digan lo que queremos oír, sino lo que necesitamos oír. Leer mucho, por
supuesto. Y si nos rechazan el original que queremos publicar, en lugar de
echar la culpa a los malvados editores, volver sobre el texto y valorar dónde
están sus fallos. Finalmente, si no hay forma de publicar esa novela (a mí me
pasó con la primera versión de La Espada de Fuego), dejarla en un cajón
o un disco duro y escribir otra.
Muchas gracias, Javier, y mucha suerte con El espartano y tus otros
proyectos presentes y futuros.

¡Gracias a vosotros por esta estupenda conversación!

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