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ENTREVISTA A PEDRO FEIJOO, AUTOR DE LOS HIJOS DEL FUEGO (@PedroFeijoo @Ediciones_B)

¡Hola a todos!
Hace unos días entrevisté a Pedro Feijoo, que hace unas semanas ha publicado Los hijos del fuego, una novela de la que os hablé hace también unas semanas (Aquí os dejo el enlace). Hoy quiero compartir con vosotros la entrevista que le hice hace unos días, espero que os guste tanto como a mí hacerla. Os dejo con ella: 
Hola Pedro, antes de comenzar con
la entrevista, además de agradecerte tu amabilidad por colaborar con mi blog,
me gustaría que nos hablaras un poco sobre ti. 

¿Quién es Pedro Feijoo?

Caramba,
menuda pregunta para empezar… Supongo que ese tal Pedro Feijoo debe de ser,
más o menos, el tipo que me observa cada día desde el otro lado del espejo,
aunque tampoco estoy demasiado seguro de quién podría ser realmente. Lo poco
que te puedo asegurar es que se esfuerza día a día por hacer las cosas lo mejor
posible. Que se compromete, que intenta cumplir siempre y que dicen que alguna
vez incluso lo consiguió. Uno como otro cualquiera, de los que se equivocan,
que es todo un maestro en el viejo arte de meter la pata hasta el corvejón y
que, a pesar de que muchas veces aparente todo lo contrario, en el fondo no
tiene ninguna maldad. Lo cual, ahora que lo pienso, no es poco decir.

¿Cuándo supiste que querías ser
escritor?


Conscientemente,
lo sabía de pequeño. Pero supongo que no tuve el valor necesario para dar el
paso, de manera que todo acabó sucediendo de la manera en que suceden la
mayoría de las cosas en mi vida: de la manera más inconsciente. Nada más
recuerdo una conversación en la terraza de un bar, en la que mi pareja y yo
charlábamos sobre la siguiente novela que nos gustaría leer a ambos. Lo
siguiente que recuerdo soy yo encerrado durante un montón de tiempo escribiendo
esa novela… y hasta hoy.
¿Qué fue lo primero que
escribiste? ¿A qué edad lo hiciste?


No
recuerdo qué fue exactamente lo primero que escribí de manera que se pueda
considerar algo aproximado a un texto con intenciones literarias (aunque
lejanamente, por supuesto). Supongo que alguna de las redacciones de la
escuela, tal vez, o quizá alguna de las que me encargaba mi abuelo, o algo por
el estilo… Con todo, me resultaría muy difícil marcar un punto de inicio ya
que, por circunstancias familiares, crecí en un entorno en el que no sólo la
literatura sino tanto los libros como objeto, como la propia profesión del que
escribe estaban muy presentes.
¿Tiene tu vida profesional
relación directa con tu faceta como escritor?

Y tanto que la tiene:
desde hace cinco años, y gracias tanto al éxito alcanzado con Los hijos del
mar
como con mis resultados en Galicia, la única ocupación que se me conoce
es la de escritor. Ese es mi oficio, y mi beneficio… Bueno, mejor dejémoslo
ahí.

¿Cómo te formaste como escritor?

Pues de la única manera
que realmente importa, diría yo: leyendo, leyendo, y leyendo. Es cierto que soy
filólogo (aunque para el bien de la Filología en general y de mis potenciales
alumnos en particular jamás he ejercido como tal), y que en su momento me
especialicé en el estudio tanto de la literatura gallega como de la teoría de
la literatura. Pero, honestamente, no creo que eso sirva de mucho a la hora de
ser escritor. Esperar que un buen filólogo sea un buen escritor es tan tonto
como esperar que un ministro de cultura sea… culto.
¿Tienes alguna manía al ponerte a
escribir?

No, creo que no. Es
cierto que necesito una cierta tranquilidad a la hora de escribir, sobre todo
cuando estoy comenzando con la redacción del texto. Pero, una vez que lo tengo
en marcha, la verdad es que puedo escribir en casi cualquier lugar y circunstancia.
Y, créeme, cuando digo “cualquiera” es tal cual: el despacho, el jardín, la
biblioteca, un coche en movimiento, un millón de aviones e incluso las bañeras
de unas cuantas habitaciones de hotel (es lo que tiene compartir habitación con
compañeros poco transigentes a la hora de mantener la luz de la habitación
encendida hasta tarde, que acaban mandándote a escribir al cuarto de baño…).
Ten en cuenta que, por mi manera de trabajar, nunca escribo ni una sola línea
del texto que aparecerá publicado hasta que no tengo la historia claramente
hilvanada en mi cabeza. Y para ello, antes tengo que tener perfectamente
cubierto el proceso de estructuración y, más importante aún, antes el de
documentación, determinante en todas mis novelas. Para que te hagas una idea,
la redacción de Los hijos del fuego duró casi un año. Y tal vez parezca
poco (o mucho, no lo sé), pero si lo pude escribir en ese tiempo es porque a
ese año le precedieron otros dos años de dedicación diaria y exclusiva al
proceso de documentación.
¿Prefieres algún lugar o momento
a lo largo del día para escribir?

Como ya te he dicho, me
vale cualquiera. Pero… Si pudiera pedir un deseo, escogería no tener que
volver a escribir en bañeras de hoteles. Bueno, ni en bañeras en general.
Comprende que uno ya va teniendo una edad, y que mis riñones ya no son lo que
eran…
Antes de iniciar una novela, ¿la
planificas mucho o te dejas llevar por la inspiración

Mira, sinceramente, yo
creo que en realidad eso de la inspiración tiene más que ver con el envoltorio,
con el papel de regalo que hace que tu propuesta resulte lo más apetecible
posible, que con otra cosa. Diría que la inspiración es ese matiz sutil que
convierte una buena idea en algo excelente. Y por supuesto creo que siempre ha
de estar ahí. La inspiración es lo que te ayuda con el cómo, lo que hace que el
texto que has escrito hoy esté más o menos tocado de gracia. Pero sin una buena
idea previa, la inspiración no vale de nada. Y para eso lo que importa es el
trabajo. Trabajo, trabajo, y más trabajo. Y en mi caso, se trata de un trabajo
absolutamente metódico. Como te decía, nunca escribo ni una sola de las líneas
que después leerás sin tener antes muy claro en todos los aspectos posibles
todos y cada uno de los detalles de la historia que voy a compartir con
vosotros. Antes, mucho antes de sentarme a escribir, ya sé de qué va a ir la
historia, por dónde va a tirar, cómo empieza, como transcurre, y quién no
llegará al final para contarla.

¿Eres una escritor de las que
escriben a mano o te decantas por las nuevas tecnologías?

Soy
un dinosaurio que todavía escribe a mano y con pluma. Escribo (o tal vez
debería decir “vomito”, del tirón y con una mala letra que haría palidecer
hasta al más experimentado de los profesores de primaria) un primer borrador en
unas libretas que siempre que son del mismo tipo y tamaño, y voy haciendo las
primeras pruebas correcciones a medida que voy pasando cada uno de esos
capítulos al ordenador, pero nunca antes de tener una buena cuenta de capítulos
escritos.
¿Cómo es un día en la vida de una
escritor como tú?

¿Pues cómo va a ser? Un
completo desastre basado en un caos y desorden férreamente disciplinados. Por
ejemplo, durante el proceso de documentación, si se trata de algo que necesito
consultar in situ, aun menos mal, porque por lo general las personas con
las que te has de entrevistar no son tan desordenadas como tú, y acostumbran a
tener horarios más o menos definidos y una vida social que no se basa en el
caos y el descontrol. Y eso ayuda mucho a la hora de hacer que tú parezcas uno
de ellos. Pero… Si se trata de un dato que nada más depende de las
investigaciones que yo pueda hacer desde la biblioteca de mi casa (que no es
precisamente pequeña), o a través de la red, entonces ya sí que es el
“acabose”: dejo correr ese pequeño caos mío (una cierta patología que estoy
convencido de que se trata de una especie de desorden obsesivo-compulsivo no
diagnosticado…), y me obsesiono de tal manera que no me permite parar hasta
que no doy con la clave que estoy buscando. Por fortuna, a día de hoy siempre
lo he conseguido. No quiero ni imaginar cómo será el día que no lo consiga…
Para cuando estoy en la
fase de redacción, el caos nada más se limita a una cuestión de horarios: tengo
claro que hoy he de escribir este capítulo. Si lo acabo en cinco horas
fantástico. Y si lo que necesito son diecisiete… pues nada, ya dormiremos en
otro momento.
¿Eres aficionado a la lectura?¿Le
dedicas muchas horas a lo largo del día?
           
Sí, más que aficionado,
lo que soy es una especie de yonky de la lectura. Cuando estoy en pleno proceso
de trabajo, le dedico prácticamente todo el tiempo que no estoy escribiendo. En
el extraño caso de que las cosas vengan un poco más calmadas, entonces mi
comportamiento lector se parece un poco más al de cualquier otro lector, de los
que leen en la cama por la noche. El problema está en que en vez de leer entre
cinco y veinte minutos, a mí igual me da el amanecer leyendo. Pero, vaya, que
esa también es otra historia…
¿Qué tipo de literatura te gusta
leer?
           
La verdad es que hace ya
unos cuantos años que casi todo lo que leo está relacionado con el trabajo que
en ese momento tenga entre manos. Leo muchísimos textos históricos,
documentación antigua, libros del XIX. Pero, vaya, en general me encanta leer cualquier
cosa que me suponga, de un modo u otro, un desafío. Que me enseñe algo nuevo,
que no me deje indiferente. Y, sobre todo, que me sorprenda.
¿Eres lector de libros de papel o
también lees ebooks?
            
Si no me queda más
remedio, y las circunstancias lo exigen, no tengo ningún problema en leer
libros en formato digital. Pero mi primera opción siempre es el papel.
¿Cuál es tu autor favorito? ¿Nos
podrías recomendar una obra de él?
            
Me resulta absolutamente
imposible citar solamente uno. Suso de Toro, Eduardo Mendoza, Castelao, Oscar
Wilde, Diego Ameixeiras, P. G. Wodehouse, Douglas Adams, Marx (Groucho)… Lo
que sí puedo hacer es citarte el último que me impresionó (y mucho), que no es
otro sino Pierre Lemaitre. Si tuviera que recomendarte una obra sería Vestido
de novia
, pero nada más para poder engancharte al autor. Así, a
continuación te recomendaría que leyeras su Irene, pero (de nuevo) nada
más para que, aprovechando que ya estás en situación, pudieras leer Álex,
que a mi entender es su obra maestra.
¿Recuerdas algún libro de tu
infancia con especial cariño? ¿Cuál es? ¿Por qué le tienes especial cariño?
            
Pues
recuerdo especialmente dos. El más “esperables” es uno de los muchos que se
publicaron en la colección El Barco de Vapor: De profesión, fantasma, de
Hubert Monteilhet. No es que tuviera nada de especial, pero vaya, recuerdo
habérmelo leído unas quince veces… Y el otro es, por citar uno sólo de entre
las muchísimas tentaciones que había en aquella biblioteca, una primera edición
del Satanismo erótico, de Justo María Escalante. Como ya he dicho, por
circunstancias familiares que no vienen al caso, tuve que pasar mucho tiempo en
la compañía de mi abuelo, un famoso periodista y escritor leonés afincado en
Vigo. Su biblioteca era inmensa, y estaba llena, como cuento, de un sinfín de
tentaciones que, a los ojos de un niño con tanto tiempo libre como el que yo
tenía, eran simplemente irresistibles. Recuerdo levantarme de noche a
escondidas para hojear aquel libro. Tal vez el diablo y mujeres en cueros no
sean el mejor tema de lectura para un niño. Pero, honestamente, ¿qué esperabas
que hiciese?
¿Qué estás leyendo ahora?
            
La
ciencia en la sombra
, de J. M. Mulet.
¿Si tuvieras que recomendar una
novela cuál sería?
            
Pues,
no siendo toda esa perorata que he soltado sobre Pierre Lemaitre, la primera
que me viene ahora a la cabeza es Trece campanadas, de Suso de Toro, y
justo a continuación La playa de los ahogados, de Domingo Villar.
¿Qué autores clásicos y
contemporáneos te han influenciado como escritor?
            
Todos
los que he ido mencionando hasta aquí, y Manuel de la Fuente.
¿Hay algo que haya influido en tu
manera de escribir como la música, el cine, alguna vivencia, tus raíces…?
            
Por
supuesto que sí. De hecho, teniendo en cuenta la exposición a tantas otras
formas de comunicación a la que estamos sujetos en nuestra sociedad, brutal e
inevitable, me atrevería a decir que quien diga que no tiene más influencias
que las exclusivamente literarias o es un mentiroso compulsivo, o es el abuelo
de Heidi.
            
En
el caso de mis novelas, de hecho, las influencias literarias son tantas como
las cinematográficas, como las musicales, como las artísticas, como las
televisivas, como las cotidianas… Mis libros jamás serían como son, si antes
yo no hubiera estado empapadísimo de todas mis referencias literarias (que no
las escondo), sí, pero también del cine de Woody Allen y de los hermanos Marx;
del humor de los Monty Python y de Les Luthiers; de los guiones de Charlie
Kaufman y de Marshall Brickman; de la tensión de “El silencio de los corderos”,
de la violencia de “Seven”, de la brutalidad de “Saw”; de la música de
Rammstein, de Wojciech Kilar, del jazz de Nueva Orleans, de los Ramones y de
Quique González; de todas esas soledades que con tanto detalle pintaron Hopper
y Monet…
¿Tienes más aficiones además de
la literatura? ¿Nos podrías hablar un poco de ellas?
            
En
mi caso, la literatura no es una afición, sino algo más. Un oficio, una
dedicación, una salvación… Al margen de esto, sí, debería tener alguna
afición, pero lo cierto es que no la tengo. Y eso pasa factura…
¿Crees que Internet y las nuevas
tecnologías ha cambiado al lector actual? ¿Por qué?
            
Creo
que sí, que de hecho es algo inevitable, y que además es bueno. Del mismo modo
que en el siglo XIX la popularización de la novela cambió al lector medio, este
nuevo acceso ha abierto nuevas vías de comunicación entre el autor y el lector.
Y esto es bueno, siempre es bueno. (Bueno, siempre que el lector no se plante
en el portal de tu casa con un cuchillo para que le expliques un poco mejor el
final de tu última novela, claro…).
Hablemos ahora sobre tu novela,
Los hijos del fuego: ¿De dónde surgió la idea de escribir esta novela?
            
De
la necesidad de poner en valor la historia de mi país. Pero no la que viene en
los manuales. No la que ya nos contaron una y mil veces y que, entre otros
detalles, resulta que no es cierta. Aquí, en Galicia, como en buena parte de
España, jamás existió esa gran guerra que recogen los libros de historia de
buena parte del siglo XX. ¿Guerra de la Independencia? Y un jamón. Aquí nadie
luchó por la independencia del yugo francés, ni siquiera por la libertad, me
atrevería a decir. Aquí, quien más y quien menos, todos lucharon por una única
razón: la supervivencia. Frente al ejército napoleónico, el que por aquel
entonces era la maquinaria militar más poderosa del mundo, los paisanos
españoles no tardaron en comprender que la corona no haría nada por ellos,
ocupada como estaba nada más que en poner a salvo las reales posaderas. De
manera que, si quería sobrevivir, al pueblo pronto le quedó claro que no le
quedaría más remedio que organizarse y luchar por su cuenta. Por sobrevivir.
Tanto fue así que, de hecho, hasta finales del siglo XIX, en los libros de
historia gallega todavía se hablaba de este conflicto como la “Guerra de
Galicia”. Esa es la historia que intento poner en valor.
¿Cómo te organizaste para
escribirla?
            
Como
siempre. Lo primero era saber qué quería contar, qué es lo que intentaba
transmitir en esta ocasión. Una vez que tienes eso claro, lo siguiente es poner
en marcha toda la maquinaria de la factoría: documentación, estructuras,
redacción, revisión, segundo borrador, edición…
¿Tiene alguna historia real
detrás? ¿Es muy diferente de la que acabas explicando en tu novela?
            
En
cualquier obra de ficción es imprescindible que exista, ante todo, eso, una
parte de ficción. Aí, es cierto que ni
Velasco Espinosa ni Hugo Sanjuán son personas que hayan existido realmente
jamás. Pero tampoco es menos cierto que, además de ser personajes necesarios
para poder ir dándole salida a la trama, ambos son máscaras, una especie de
juego de sombras tras el que se oculta toda una colección de personas reales,
hombres que sí existieron (como, por ejemplo, Buenaventura Marcó del Pont, de
quien tanto habla Velasco) y que, como se puede comprobar con una rápida
expedición por la red, se vieron involucrados en el desarrollo de los hechos
descritos en la novela.
            
Los lectores que ya me conozcan,
sabrán de mi gusto por jugar con ese espacio ambiguo, ahí donde la ficción se
confunde con la realidad. Pero, en ese sentido, este es de todos mis libros el
que va más allá, ya que prácticamente todo lo que cuento en la novela es tan
real como cierto. Sí existieron las cofradías; sí se vieron involucradas en el
sitio y toma de la plaza; con lo importante que fue para el devenir económico
de la ciudad, lo cierto es que el asunto de la historia de la piratería viguesa
es uno de los episodios históricos más desconocidos de su memoria; todo lo que
cuento sobre la ocupación de Vigo, la batalla y su liberación es real; la
entrada de las tropas francesas arrastrando «esos» dos carros es
real; su cargamento también es real (por un lado, se conservan los libros de
cuentas del alto mando francés, y, por el otro, parte de ese botín está
expuesto en el museo Quiñones de León); las maniobras de Vázquez Varela son
absolutamente reales; la historia del polvorín y la demolición y posterior
reconstrucción de la iglesia de Santa María es exactamente como la cuento;
puñeta, ¡si hasta es cierto que existe una cápsula del tiempo! En fin, que,
como ves, se trata de una historia absolutamente apasionante en buena medida
aun por descubrir…
¿Qué fue lo más complicado de la
escritura de Los hijos del fuego?
            
Pues
honestamente diría que decidir dónde poner el freno a la hora de continuar con
el proceso de documentación. En un tema como este, enseguida te das cuenta de
que un descubrimiento te lleva al siguiente, y que el desbloqueo en la
investigación de de un episodio histórico se convierte rápidamente en una
especie de droga, un golpe de adrenalina que llama a gritos por otro más. ¿En
qué momento decides que ya tienes bastante, que la información que abarrota tu
despacho es ya la suficiente para contar la historia que querías contar? En mi
caso, una decisión difícil…
¿Tenías claro desde el principio
cómo la escribirías?
            
En
absoluto. Lo que sí sabía era qué quería contar. Por suerte, cuando tienes eso
claro, y dispones de tiempo, el cómo va saliendo poco a poco. Como ya he dicho,
frente a ese tópico del autor arrebatado, llevado por un imparable impulso de
inspiración, lo cierto es que el oficio de escritor tiene mucho más de
disciplina, de paciencia, de rigurosidad…
¿Cómo fue ese momento de ponerte
a escribir la primera frase de la novela?
            
No
tan complicado como la leyenda suele contar… Ten en cuenta que, cuando llegó
ese momento, y como te he explicado, yo ya llevaba más de dos años trabajando
en el libro, de manera que ya había tenido, inevitablemente, mil y una ideas
sobre cómo empezar. De manera que mi único problema fue escoger cuál de las
múltiples frases posibles sería la más oportuna.
¿Te llevó mucho tiempo
escribirla?
            
Como
ya te he dicho por ahí atrás, el tiempo de redacción no fue más de un año. Pero
ese año vino precedido de otros dos de documentación y organización previa.
Para los que no conocen tu
novela, ¿qué destacarías de ella? ¿por qué el lector debería elegirla?
            
Porque
es, ante todo, una novela muy entretenida. Antes me daba mucho pudor responder
a este tipo de cuestiones, pero con el tiempo me he ido dando cuenta de que el
error sería no decirlo. Es la verdad, porque esa era su intención. Como ya te
he dicho por ahí atrás, desde el principio he tenido claro que, por muy
interesante que al autor le parezca lo que tiene que contar, si lo hace de una
manera que aburra al sueño nunca servirá de nada. Y eso es algo que yo he
tenido siempre muy claro. Necesito que el texto enganche, que sea absolutamente
adictivo, de esos que no puedes soltar una vez los has empezado. En Galicia hay
quien me ha tildado de “entretenedor” sin más. Y a mí ya me parece bien, que
piensen eso, que lo piensen… Porque mientras la gente crea que nada más
pretendo resultar entretenido, seguiré sin ser sospechoso de nada. Nadie
sospechará de cuáles son mis verdaderas intenciones, el mensaje que pretendo
inocular bajo una apariencia tan inofensiva. Supongo que, en cierto modo, soy
una especie de camello vendiendo caramelos rellenos de droga a la puerta de un
colegio…
Antes de Los hijos del fuego
escribiste Los hijos del mar, ¿son novelas independientes? ¿El lector
puede leer Los hijos del fuego sin haber leído la anterior? ¿Habrá más Hijos…?
            
Sí,
son textos absolutamente independientes. El nexo que los une es la presencia de
los mismos personajes principales, junto con algún secundario. Pero no se trata
de ninguna continuación, ni nada por el estilo. Simplemente es que se trata de
dos novelas con tonos y mensajes semejantes. Cuando todavía estaba con el
proceso de documentación de lo que acabaría siendo Los hijos del fuego, caí en
la cuenta de que para transmitir este mensaje no necesitaba crear nuevos
personajes, ya que la voz que me podían ofrecer Simón y Mariña ya era
exactamente la que necesitaba. Esa es la razón de se presencia.
            
Y,
visto el juego tan maravilloso que me prestan, pues… La verdad es que no te
puedo decir que no: lo más probable es que en un futuro haya más aventuras para
Simón y Mariña, sí.
Respecto a la promoción de tu
novela ¿qué haces para que el lector la conozca?
            
Pues,
además de rezarle mucho a san Judas Tadeo (que es el patrón de los imposibles y
las causas perdidas), confiar plenamente en vuestro trabajo. Considero que hoy
por hoy, la actividad de los blogueros literarios es absolutamente
imprescindible para ir asentando el trabajo de campo. Sin vosotros sería
imposible llegar a la base, donde está ese gran cuerpo lector, que es el único
con el que a mí me preocupa contactar.
Y ahora hablemos del futuro:
¿Estás trabajando en algún nuevo
proyecto? ¿Nos puedes contar algo sobre él?
            
En
efecto, estoy trabajando en dos libros. Por una banda, estoy terminando la
redacción de una especie de inusual “guía” de la ciudad antigua de Vigo. Se
trata de un libro que me hace mucha ilusión, ya que, a modo de paseo tranquilo
y relajado, iremos recorriendo las calles de la Cidade Vella, el barrio
antiguo, para recuperar y traer a la luz todas aquellas historias con las que
me fui encontrando a lo largo del proceso de documentación de la novela, pero
que, por motivos de trama y espacio, no pudieron entrar en Los hijos del fuego.
Es algo con lo que me siento completamente comprometido, ya que se trata de
algo más que un anecdotario histórico: en esos pasajes están las instantáneas
que, aunque aparentemente insignificantes por separado y olvidadas hoy, una vez
juntas se descubren imprescindibles para comprender el porqué de la actual
ciudad.
            
Y,
por la otra, ya he empezado con las anotaciones para lo que será mi siguiente
novela, una historia muy dura, muy agresiva, en la línea de mi segunda novela, La
memoria de la lluvia
.
¿Qué consejos darías a los
escritores noveles que desean que sus novelas sean publicadas?
            
Que
tengan paciencia. Que intenten contactar con verdaderos editores, que no le
entreguen su trabajo al primero que llame a su puerta con grandes promesas, que
no se dejen seducir por los cantos de sirena de tantas y tantas
pseudo-editoriales de esas que hay hoy en día, en las que, cuando te quieres
dar cuenta, has tirado tu novela a la basura, y encima pagando por ello. Y que
lo intenten, y que lo sigan intentando. Y, sobre todo, que lean, que lean
muchísimo. Lo único que no podrás hacer el na vida es leer todo lo que deberías
leer. Pero por lo menos que lo intenten.
Para acabar, si quieres decir
algo a los lectores de esta entrevista las siguientes líneas son todas tuyas.
            
Me
gustaría mostraros mi agradecimiento más sincero. En un tiempo tan descarnado
como este, donde cada vez que escuchan la palabra “cultura” nuestros ministros
echan las manos al diccionario (en el mejor de los casos…); donde los que
mandan nada más se acuerdan de la cultura y de la educación para saber por
dónde han de empezar a recortar; cuando ya no hay apenas apoyo para el libro ni
para el autor, y las páginas literarias han desaparecido de casi todos los
medios de comunicación; en una industria donde el último libro de la celebrity
de turno vale más que diez autores de toda la vida, vuestra labor se revela
determinante para la pervivencia de nuestro trabajo. Vosotros, los que os
reunís en torno a los blogs literarios, los que comentáis vuestras lecturas,
los que compartís vuestras impresiones, los que recomendáis y señaláis, sois
poco menos que la resistencia, nuestra última línea de defensa. Por todo lo que
hacéis por el libro y, por extensión, por todos los que vivimos del libro y con
el libro, muchísimas gracias, de todo corazón.
Muchas gracias, Pedro, y mucha suerte con Los
hijos del fuego y tus proyectos futuros.

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