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ENTREVISTA A PEDRO MENCHEN

 ¡Hola a todos!
Una semana más estamos aquí para compartir con todos vosotros una nueva entrevista realizada a un autor. En esta ocasión, el autor elegido es Pedro Menchén, si queréis saber algo más de él, os invitamos a que sigáis un ratito más por aquí y disfrutéis de la entrevista.
Hola
Pedro, antes de comenzar con la entrevista, además de agradecerte tu amabilidad
por colaborar con nuestro blog, me gustaría que nos hablaras un poco sobre ti.

¿Quién
es Pedro Menchén?
Soy
ese tipo solitario y tranquilo, con una gorra de béisbol, que siempre pasa de
largo, a veces con un libro en la mano. Soy manchego, pero vivo en Benidorm
desde 1978. Mucha gente cree, sin embargo, que soy extranjero y se sorprende de
lo bien que aprendí a hablar español.
¿Cuándo
supiste que querías ser escritor?
Cuando
era un niño. Tenía un profesor que también era poeta, Pascual Antonio Beño, al
que admiraba mucho, y yo sencillamente quería ser como él.
¿Qué
fue lo primero que escribiste? ¿A qué edad lo hiciste?
Poemas,
pero también pequeñas novelas de cinco o seis páginas… Cualquier redacción
que nos encargaba el profesor yo la convertía siempre en un texto literario. Ya
desde muy pequeño sabía que quería ser escritor.
¿Tiene
tu vida profesional relación directa con tu faceta como escritor?
No.
¿Cómo
te formaste como escritor?
Leyendo.
Creo que el oficio de escritor es el único que no se puede aprender, ni se
puede enseñar. Como dijo Tennessee Williams, es el oficio “más solitario a este
lado de la muerte”. Todo escritor tiene que ser, ante todo, un gran lector. Por
supuesto, hay que conocer la ortografía y las reglas gramaticales, hay que
tener un conocimiento básico sobre cómo se redacta un texto, pero a partir de
ahí ya todo depende de ti. El arte literario es el estilo y el estilo eres tú
mismo, tus propios defectos y fijaciones por así decirlo.
¿Tienes
alguna manía al ponerte a escribir?
Antes
de empezar tengo que tener a mi lado una taza de té. Muy caliente y sin azúcar.
¿Prefieres
algún lugar o momento a lo largo del día para escribir?
Sólo
puedo escribir por la mañana temprano, nada más levantarme. Si es posible,
cuando todavía es de noche. Me despierto sobre las cinco o a las seis. Entonces
estoy fresco y tengo la mente limpia.
¿Cómo
te organizas para escribir?
Primero
releo la página anterior, antes de continuar, y siempre encuentro cosas que cambiar
aquí y allá. Avanzo poco a poco, corrigiendo y rescribiendo constantemente. Yo,
más que escribir, reescribo, corrijo. Suelo estar varios años con un mismo
manuscrito. Le doy mil vueltas. Lo dejo, vuelvo a cogerlo al cabo del tiempo y
empiezo a corregirlo de nuevo desde el principio. Es una locura, pero me gusta
más corregir y reescribir que enfrentarme directamente a la página en blanco.
No es que tenga miedo a la página en blanco. Siempre sé lo que tengo que decir.
Pero no me gusta pasar a una página nueva si no estoy satisfecho con la
anterior.
 
¿Eres
un escritor de los que escriben a mano o te decantas por las nuevas
tecnologías?
Nunca
he escrito a mano, salvo cuando era un niño. Tenía dieciocho o diecinueve años
cuando me compré una Lettera 32,
aunque ya antes, cuando trabajaba en una oficina, aprendí el método ciego, y
usaba los diez dedos para escribir. Yo no he sido de esos escritores torpes que
se las arreglan con dos dedos, mirando el teclado, como he visto que hacía Umbral,
por ejemplo. En 1991 me compré una Starwriter80, una máquina de escribir muy
moderna para la época, con impresora incorporada, una pequeña pantalla de 10 o
15 líneas y disquetes donde podía guardar los textos. En 1999 me compré mi
primer ordenador portátil y en el 2000 me conecté por primera vez a Internet y
escribí mi primer e-mail. O sea, que procuro avanzar con los tiempos. No soy de
los primeros que se apuntan a las nuevas tecnologías, pero tampoco de los
últimos. Desde 2008 estoy en Facebook aunque reconozco que no lo he usado mucho
hasta ahora.
Antes
de iniciar una novela, ¿la planificas mucho o te dejas llevar por la
inspiración?
La
planifico absolutamente. Cuando voy a escribir un libro sé lo que quiero decir
y cómo tengo que decirlo, el tono que le voy a dar a la historia, etc. Tengo
claros el principio y el final. Aunque no anoto nada. Lo tengo todo en mi
cabeza porque así lo interiorizo mejor. Y no, no me gusta improvisar. No soy de
esos que se sientan ante el ordenador y empiezan a divagar, sin saber siquiera
adónde les llevará la historia. Yo no escribo por escribir. Si escribo es
porque tengo una necesidad interior muy fuerte de transmitir algo. Y
básicamente lo que quiero transmitir es emoción. Quiero que el lector quede
hechizado con mi libro, desconcertado, fascinado. La literatura para mí, como
para Oscar Wilde, sólo puede ser “emoción por la emoción”.
¿Cómo
es un día en la vida de un escritor como tú?
Escribo
por las mañanas desde muy temprano hasta las 12 del medio día, más o menos.
Después salgo a dar un paseo, con la excusa casi siempre de comprar algo,
regreso a casa, almuerzo, tomo el té sentado en mi terraza (que es muy soleada)
y leo buena parte de la tarde. Por la noche intento ver algún documental o
película. Pero todo eso es en teoría. A veces estoy dieciocho horas seguidas ante
el ordenador y no me doy ni cuenta. Me acuesto temprano y me levanto también muy
temprano. No me gusta ni me divierte salir de noche. Si quedo con los amigos,
procuro que sea a media mañana para tomar el aperitivo. Y prefiero quedar para
almorzar antes que para cenar.
¿Eres
aficionado a la lectura?
Sí,
de hecho me gusta más leer que escribir. Un escritor debe de ser, ante todo, un
buen lector. El problema es que no puedo leer tanto como quisiera y eso me crea
siempre cierta sensación de culpa. No soy muy rápido leyendo porque leo como
escribo; es decir: releo, retrocedo, vuelvo a empezar, reflexiono sobre lo que
acabo de leer, lo analizo, estudio determinada frase, la subrayo, tomo notas o
escribo algo al margen… Por supuesto, hay libros que leo deprisa, pero en
general me suelo recrear mucho en la lectura y eso hace que tarde más de la
cuenta en acabar un libro. ¡Y hay tantos libros buenos que leer y que no
quisiera perder!
¿Qué
tipo de literatura te gusta leer?
Si
un libro es bueno, no me importa el género. No estoy obsesionado con las
novelas. Me gustan también los relatos, las biografías o autobiografías, las
cartas, los diarios, incluso las obras de teatro o los tratados de filosofía.
Lo que no soporto es la ciencia ficción, las historias de terror, las novelas
históricas (escritas ahora pero ambientadas en otras épocas) porque me suenan
falsas, ni tampoco la literatura erótica. De todo lo que he leído en mi vida lo
que más me ha gustado ha sido la literatura rusa anterior a la revolución
bolchevique y la literatura norteamericana desde sus inicios hasta los años
cincuenta o sesenta. También me gusta la literatura británica y la del Boom. 
¿Eres
lector de libros de papel o también lees ebooks?
Tengo
un Kindle y he leído algún ebook, pero en general leo en papel. No creo para
nada que desaparezca el papel. Yo mismo tengo editados nueve ebooks. Pero estoy
seguro de que ambos soportes pueden coexistir.
¿Cuál
es tu autor favorito? ¿Nos podrías recomendar una obra de él?
Tengo
varios autores favoritos. En primer lugar, siento una fascinación muy particular
por Carson McCullers, una autora norteamericana de los cincuenta, y
recomendaría su obra Reflejos en un ojo dorado. Otro de mis autores favoritos es Chéjov. Escribió
unos mil cuentos y creo que ninguno malo. Otro autor que adoro es Jack London.

¿Recuerdas
algún libro de tu infancia con especial cariño? ¿Cuál es? ¿Por qué le tienes
especial cariño?
Sí,
recuerdo las novelas de Enid Blyton y todas aquellas aventuras de Los Cinco. Me
fascinaban porque yo era un chico solitario y me gustaban ver a aquellos amigos
siempre tan unidos.
¿Qué
estás leyendo ahora mismo?
Un
libro de Pascual García, titulado El secreto de las noches, editado por Los Libros de la Frontera. Había leído
otro libro suyo, El intruso,
hacía muchos años, y me gustó tanto que intenté contactar con él para
felicitarle. Pero no lo encontraba. Hasta que hace poco di con él en Facebook.
Es realmente un escritor magnífico. Pero también es muy modesto y no se ha
esforzado por darse a conocer. Es injusto que no se le valore como merece.
¿Si
tuvieras que recomendar una novela cuál sería?
¿De
este autor? El intruso. Son
relatos, pero todos ellos transcurren en el mismo lugar y con los mismos
personajes, de modo que es una especie de novela. Es un libro desconcertante.
Extraño. Fascinante. De la mejor literatura.
¿Qué
autores clásicos y contemporáneos te han influenciado como escritor?
Cuando
empecé a escribir mi primer libro estaba muy influenciado por Kafka, Cortázar y
otros autores simbolistas o surrealistas. Pero como tardé diez años en acabar
aquel primer libro, de tanto corregirlo y reescribirlo,  terminé por borrar las huellas de todos
ellos y sólo quedó mi propia voz. Hay gente que va dando bandazos de acá para
allá hasta encontrar su estilo literario. Yo lo encontré en mi primer libro y
desde entonces creo que he cambiado poco.
¿Hay
algo que haya influido en tu manera de escribir como la música, alguna
vivencia, tus raíces…?
No lo
sé. Básicamente, lo que me induce a escribir es la necesidad de expresar algo:
un sentimiento, una experiencia emotiva. También puedo decirte que soy escritor
porque necesito agarrarme a algo, trascenderme a través de las palabras. La
escritura me sirvió, de adolescente, como refugio, como vía de escape, ya que
era muy solitario.
¿Tienes
más aficiones además de la literatura? ¿Nos podrías hablar un poco de ellas?
De
muy joven me gustó pintar y dibujar. También estudié música en un
conservatorio. Quería componer sinfonías. Quería ser cantante en un conjunto de
rock. Pero abandoné todo eso por motivos laborales. Después hubo un tiempo, ya
de adulto, en que quería dirigir cine. He escrito dos obras de teatro y un
guión. Ahora lo único que me gusta es leer, escribir, pasear, viajar de vez en
cuando, tomar cerveza con los amigos, cocinar… Cocino un poco, pero nada de
platos complicados. Odio la cursilería en la cocina. A mí me gustan las recetas
sencillas de la abuela. Dieta mediterránea y todo eso, ya sabes.
¿Crees
que Internet y las nuevas tecnologías han cambiado al lector actual? ¿Por qué?
Sí,
claro, la gente está leyendo todo el tiempo mensajes, noticias y cotilleos en
los ordenadores, en los IPad, en los móviles, en los e-readers, pero a la hora
de leer libros creo que la mayoría todavía utiliza el papel.
Hablemos
ahora sobre  Escrito en el agua:
¿Es una novela
autobiográfica, en qué momento decidiste que había llegado la hora de plasmar
tu vida en páginas de papel?
Empecé
este libro después de acabar la primera versión de mi novela Una playa muy
lejana
, en 1995. Cuando uno termina
un libro necesita siempre empezar otro y yo no tenía ningún argumento en aquel
momento que me motivara lo suficiente. Entonces pensé de pronto que estaría
bien plasmar en un texto los recuerdos de mi infancia, antes de que se me
olvidaran.


¿Tardaste
5 años en sacarlo a la luz, por qué?
No,
tarde 5 años en escribirlo y lo publiqué enseguida. Pero el proceso de
escritura no fue continuado. Empecé a escribirlo en 1995, lo abandoné, continué
en 1996, volví a abandonarlo y lo retomé diez años después, en 2006. Entonces ya
no paré hasta terminarlo en 2009. Pero en 2010 aún volvería a corregirlo, antes
de publicarlos en 2011.
En
él recoges ciertas vivencias con personajes muy conocidos de la literatura
española. ¿Nos podrías avanzar alguna anécdota recogida en el libro?
Sí,
bueno, te contaré una anécdota sobre Umbral. Yo le conocí en una cafetería
donde trabajé unos meses, antes de ir a la mili. Le entregué el manuscrito de
una novelita mía y, cuando volvimos a quedar para que me diera su opinión, nos
citamos en una especie de bar americano que había cerca de la plaza de
Castilla, en Madrid. Recuerdo que tomé un té, que era la consumición más
barata, y Umbral un perrito caliente y una Coca-Cola. Naturalmente, pensé que pagaría
él, ya que había tomado dos consumiciones y yo sólo una. Además, él era un tipo
maduro, con dinero, y yo un simple adolescente sin un céntimo en los bolsillos.
Sin embargo, para mi sorpresa, cuando Umbral acabó de comerse el perrito y de
comentar mi manuscrito, me dijo: “Me invitas, ¿verdad?” “Sí, claro”, dije yo y
se marchó. Alarmado, conté el dinero que tenía, pues no estaba seguro de poder
pagar la cuenta y, milagrosamente, tenía la cantidad exacta. Ni una peseta de
menos o de más. Pero entonces me di cuenta de que ya no iba a poder pagar los
dos autobuses que debía tomar para regresar a mi casa, que estaba en el otro
extremo de la ciudad, así que regresé andando. No me importó tanto caminar
aquel largo trecho (unos cuantos kilómetros) como el hecho de saber, a juzgar
por las palabras de Umbral, que aún no estaba preparado para ser escritor.
¿No
has temido a las críticas o comentarios inoportunos que cuestionasen tu propia
autobiografía?
Pues
no, y eso que soy bastante sincero y quizá he podido molestar a algunas
personas. Pero sabía que en una autobiografía tenía que ser honesto conmigo
mismo y decir la verdad. He cambiado los nombres de las personas afectadas,
claro, para que, si no son ellas mismas, nadie las reconozca. Sin embargo, en
alguna reseña me han acusado precisamente de falta de sensibilidad por sacar a
la gente del armario y dar nombres propios. No, Los únicos nombres propios
verdaderos son los de algunos personajes conocidos como Francisco Umbral y
Gregorio Prieto.
Sigamos
por los títulos. ¿Por qué decidiste ponerles esos títulos a tus libros?, siendo
Escrito en el agua
, quizá,
el título menos peculiar de todos ellos.
En
la mayoría de los casos, los títulos son frases dichas por los personajes.
Incluso en uno de los libros de relatos, todos los títulos de los relatos son
frases dichas por los personajes. Es un sistema fácil y divertido de elegir un
título. Yo procuro que la frase tenga algo que ver con el contenido de la
historia, aunque no necesariamente. El título de mi primer libro, lo elegí al
azar. Después de tantear varios que no me gustaban, decidí que abriría el
manuscrito por una página cualquiera y que la primera frase que leyera sería el
título. Esta es la frase: ¿Alguien es capaz de escuchar a un hombre
completamente desnudo que entra a medianoche por una ventana de su casa?
A mí me encantó y a todo el mundo le pareció genial.

Escrito
en el agua,
así como tus
anteriores novelas, Y no vuelvas por aquí
y Te espero en Casablanca, han sido publicadas por Odisea Editorial, que se
define como editorial gay-lésbica.  ¿Significa esto que 
están dirigidos a un único público?
No,
para nada. Yo escribo para todo tipo de público. De siete libros que he
publicado sólo tres novelas tienen personajes específicamente gays, aunque eso
no quiere decir que no los puedan leer personas heterosexuales. No son
pornografía, en primer lugar, y hay también muchos personajes heteros en dichos
libros. Son historias corrientes, como las de cualquier libro hetero, que
tratan sobre los malos tratos, sobre la infidelidad, sobre la soledad, sobre
las relaciones interraciales… Como suelo decir habitualmente, no existe la
literatura gay como no existe la literatura heterosexual. Simplemente existe la
LITERATURA, con mayúsculas. Claro que hay escritores gays que escriben
historias con personajes gays, pero del mismo modo que hay escritores heteros
que escriben historias con personajes heteros y no por ello decimos que existe
una literatura heterosexual. Por tanto, y para resumir: creo que existen libros
buenos y libros malos, al margen de la tendencia sexual de los autores o de los
personajes de sus libros.


¿Han
sido encasilladas o en general han sido aceptadas por todos los públicos?
Pues
creo que soy leído por todo tipo de público. Y, sobre todo, por las mujeres, a
las cuales les encantan mis historias. De repente me entero de que una
profesora dio a leer un libro mío a sus alumnos en una universidad de Colombia.
O en un colegio de Boston. A veces yo mismo me asombro de lo lejos que llegan
los libros. Es cierto que, al haber sido editados algunos de ellos por una
editorial gay y ser promocionados y publicitados en los medios gays, son los gays
quienes los compran mayoritariamente, pero debo decir que he publicado cuatro
libros en otro tipo de editoriales y, en general, quien me lee capta enseguida
que tengo un lenguaje universal y que estoy por encima de todo eso. Es decir,
que escribo para cualquier lector sensible, sin importar si es hombre o mujer
ni cual sea su tendencia sexual.
¿Cómo
te organizaste para escribir cada una de tus novelas?
Primero
tengo una especie de “iluminación”, como decía Carson McCullers, en la que está
el germen de la historia, la idea básica. Esa iluminación viene cargada de una
fuerza tremenda, de una energía poética terrible. Es algo muy emocionante. Muy
hermoso. Después empiezo a desarrollar mentalmente el argumento, la historia, y
la voy dotando de coherencia, de vida. Todo eso lo hago sin anotar nada en
ningún sitio. Es imprescindible que yo me crea primero la historia, que la
interiorice bien para que, cuando la cuente, me salga del corazón y parezca más
real, más auténtica, como si la hubiera vivido realmente. Pero no me pongo a
escribir enseguida. A veces pasan meses hasta que me decido a enfrentarme con
la página en blanco. En algunos casos he estado casi un año pensando en una
historia hasta que, por fin, me decido a escribirla. Eso me ocurrió con Una
playa muy lejana
, con Y no
vuelvas más por aquí
y también con
una novela que llevo escribiendo desde 1988, una historia de género negro que
espero acabar próximamente. Pero también me ha ocurrido que, por postergarlo
demasiado tiempo, se me haya pasado la iluminación y se malograra la novela.

¿Tus
novelas tienen una historia real detrás?
A
veces hay una parte real inicial, pero el desarrollo y la conclusión suelen ser
ficticios. En algunos casos lo autobiográfico predomina, como ocurre con Te
espero en Casablanca
, mientras que
en otros todo el argumento es ficticio, tal es el caso de Y no vuelvas más
por aquí.
En Buen viaje, muchacho
el primer capítulo está basado en un
hecho real, pero el resto de la novela es pura elucubración.
¿Qué
es lo más complicado de la escritura de las novelas?
Lo
más complicado es descubrir, una vez que has terminado de escribir la novela,
que no has hecho más que empezar. Cuando escribías el primer borrador tú no
creías que aquello era un borrador, pensabas firmemente que tenías ya el texto
definitivo, tan satisfecho te sentías del resultado. Pero es entonces cuando se
te abren los ojos de pronto y empiezas a descubrir, aquí y allá, todo tipo de torpezas,
ingenuidades, cursilerías, tautologías, lugares comunes, frases superfluas…. y
comprendes que tienes todavía un largo trabajo por delante hasta conseguir que ese
libro se parezca mínimamente al que habías vislumbrado en tu iluminación.

¿Cómo
fue ese momento de ponerte a escribir la primera frase de tu biografía?
Tenía
muy claro que el libro debía empezar con una imagen que siempre me ha obsesionado
de mi infancia, una imagen triste, patética en la que me veo a mí mismo sentado
en el poyete de la puerta de mi casa, en un pueblo de La Mancha, con cuatro o
cinco años, vestido con un pantaloncito corto, de tirantes, y una camisita
estrecha que me había hecho mi madre, mientras contemplo a otros niños jugar en
medio de una calle polvorienta. Los otros niños me ignoran, no cuentan conmigo
para sus juegos, pero tampoco yo desearía jugar con ellos, a pesar de lo cual
no puedo evitar sentirme triste. La soledad fue el drama de mi infancia y mi
adolescencia. Y yo tenía que reflejar eso desde el principio.
¿Te
llevó mucho tiempo escribir cada uno de tus libros?
Depende.
A uno le dediqué diez años, a otro catorce, a otros dos cinco. Pero también he
escrito algunos libros muy deprisa. Buen viaje, muchacho, que es una novelita corta, en dos meses. Te
espero en Casablanca
en un mes, la
primera versión, que era mucho más corta. Sin embargo, he estado corrigiendo
durante siete meses Buen viaje, muchacho para su reedición, ¡siete meses, cuando me costó dos escribir el
manuscrito original! La verdad, no me importa tardar veinte años en acabar un
libro si el resultado merece la pena. No me importa tanto la cantidad como la
calidad. Para el resto de mi vida tengo el proyecto de escribir unos tres libros
como máximo. ¿Para qué más? Ya hay demasiados libros en el mundo y nadie los va
a poder leer. Deberíamos tener todos un poco más de contención. ¿Para qué sirve
escribir tantos libros? Y si fueran buenos, pero la mayoría son basura. Es
absurdo. Con tantos libros es imposible separar el grano de la paja. Además, cada
día salen cientos de escritores nuevos y todos ellos quieren publicar, como
mínimo, un libro al año. Hay autores completamente prescindibles, como Luis
Antonio de Villena, que publica desde que empezó a escribir en los años
setenta, 3 o 4 libros al año. No digo que alguno no tenga cierto interés, pero
la mayoría son chorradas gays, mariconadas. ¿Estamos locos o qué? ¿Adónde vamos
a ir a parar? Es un verdadero derroche ecológico. Menos mal que se ha inventado
el libro electrónico porque dentro de poco ya no habría sitio en el mundo para
tantos libros.

Para
los que no conocen tus novelas, ¿por cuál recomendarías empezar? ¿Por qué el
lector debería elegirla?
Pues
creo que pueden empezar por Buen viaje, muchacho, que es una novelita corta, juvenil, con dos chicos
heteros. Es un viaje al fondo de la noche, una especie de cuento onírico que
acaba convirtiéndose en una pesadilla. Pero que lean la versión corregida.
Ahora mismo está disponible en ebook. En primavera saldrá la reedición en
papel.
Actualmente,
todos sabemos, que el panorama editorial es especialmente complicado, pero
conseguiste que la Editorial Odisea publicara tu novela ¿qué pasos seguiste
para conseguirlo?
Yo
entré en contacto con Odisea en el año 2000, después de publicar Una playa
muy lejana
en una editorial de
Barcelona. Los de Odisea tienen una revista gay, además de una librería, y mi
editora contrató publicidad es su revista y organizó la presentación de mi
libro en Madrid en su librería. Después de la publicidad me hicieron una
entrevista y comencé a publicar algunos artículos en la revista. Más adelante
les entregué el manuscrito de mi siguiente novela, Te espero en Casablanca, y la publicaron encantados. El libro fue reeditado,
tuvo éxito y me permitió publicar mis siguientes libros sin dificultad. De
hecho, van a reeditar Buen viaje, muchacho sin ser una historia gay.


¿La
primera versión de Escrito en el agua
que entregaste a la editorial acabó siendo muy diferente de la que
se publicó finalmente?
El
editor me pidió que acortara un poco el texto pues era bastante largo. Me tomé
algunos meses para revisarlo y apenas pude quitar unas treinta páginas que yo
mismo consideré superfluas. Por lo demás, soy yo quien impongo mis condiciones
cuando publico un libro, con el objeto de que nadie pueda quitar o poner una
coma sin mi permiso.
Respecto
a la promoción de tus novelas ¿qué haces para que el lector las conozca?
Pues
esa es una función del editor. No obstante, yo colaboro también en lo que
puedo. Siempre y cuando no implique que yo tenga que intervenir en actos
públicos, cosa que odio. No soporto salir en la tele o en la radio, no soporto
hablar en público. Ya ni siquiera presento mis libros. Salí dos veces en
Telemadrid y una en la SER y dije basta. Sin embargo, no me importa salir en
los periódicos, en las revistas o en Internet. No es por nada. Es por mi
timidez, supongo. Tengo pavor escénico. En definitiva, no valgo para hombre mediático.
Si triunfo algún día, si me hago famoso, me ocultaré en algún sitio como J.D.
Salinger. Yo quiero tener éxito, claro, quiero que mis libros sean best-sellers,
pero que a mí, por favor, me dejen en paz.
Y
ahora hablemos del futuro: ¿Tienes alguna novela ‘esperando en el cajón’ a ser
publicada? ¿Estás trabajando en algún nuevo proyecto? ¿Nos puedes contar algo
sobre él?
Sí,
tengo una novela inédita, en proceso de reescrituras, que empecé en 1988 y que
confío acabar este mismo año. Se titula Impunidad en la noche y es un thriller, una novela negra, negrísima, con
policías, delincuentes, espías, persecuciones en tren, tipos que sacan sus
pistolas cuando menos te lo esperas y ese tipo de cosas. Cada libro es un reto
para mí y ahora me he propuesto terminar de una vez esta maldita novela negra.
En ella, por cierto, no hay ni una sola referencia al tema gay.
¿Qué
consejos darías a los escritores noveles que desean que sus novelas sean
publicadas?
En
primer lugar, les diría que lean mucho. Un escritor tiene que ser, ante todo,
un buen lector. No puedes ser escritor si no lees. Y me temo que la mayoría de
los escritores jóvenes que salen hoy en día apenas leen. Es absurdo, ¿verdad?
Todo el mundo escribe, pero nadie lee. En segundo lugar, les diría que corrijan
mucho y que sean muy autocríticos consigo mismos, que no publiquen por
publicar, sino cuando estén seguros de que el libro merece la pena. En tercer
lugar, les diría que, si lo que quieren es ser famosos, ganar mucho dinero, etc.
que se dediquen a otra cosa y dejen de malgastar papel.
Para
acabar, si quieres decir algo a los lectores de esta entrevista las siguientes
líneas son todas tuyas.
Muchas
gracias. Pues me gustaría que los lectores heteros superaran ya, de una vez,
sus prejuicios con respecto a lo que ellos llaman “literatura gay” (y me
refiero a los hombres, pues sé que las mujeres, mucho más tolerantes, han
superado hace tiempo dicho prejuicio). Si yo soy capaz de leer con naturalidad Lolita,
Anna Karenina, La romana
o
cualquiera de esas grandes novelas con personajes femeninos heteros, creo que
ellos también deberían leer con la misma naturalidad Maurice, Antes que anochezca o El beso de la mujer araña. Insisto en lo que ya dije antes: no hay libros gays o
libros heteros, sólo hay libros buenos o libros malos.

5 Comments

  • Nicolás

    Brillante entrevista a un escritor de Benidorm, aunque de Argamasilla de Alba (La Mancha), bastante desconocido desgraciadamente, al que tuve el gusto de conocer y compartir con mis alumnos en el IES Mediterrània de Benidorm. Ojalá fuera más conocido por estos lares porque su literatura lo merece, sobre todo su autobiografía, ese "Escrito en el agua" escrito sin prejuicios y con toda la libertad.

  • Francesco Giurato

    Una literatura limpia, fluida y profunda donde los conceptos universales se trasladan de un protagonista a otro sin caer en las limitaciones de los personajes y su forma de ser. Un gran escritor con sus espaldas una pasión cultivada da un interese a la cultura que lo ha portado a un estilo proprio, Pedro, muy bonita entrevista, a ver si nos vemos pronto, un saludo

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