Entrevista a Rosa Ribas, coautora de Don de lenguas

Entrevista a Rosa Ribas, coautora de Don
de lenguas
:
“Queríamos dos mujeres de carne y hueso, con sus luces y sus sombras”
 

Fotografía realizada por:  Gustavo Pérez-Rodríguez Terminel.

Acabar de leer un libro y poder entrevistar a una de
las autoras a los cinco minutos es un lujo que yo sólo he podido disfrutar con
Rosa Ribas. Sumergida en la vorágine final que propone Don de lenguas, poder intercambiar opiniones con quien ha creado a
esos personajes, ha ideado esa estructura, ha trabajado esos datos, ha impuesto
un ritmo muy específico y ha construido un escenario en el que pasear de su
mano es una auténtica maravilla. Por eso, esta entrevista se convirtió en un
fascinante intercambio de lecturas de la novela, de lazos tendidos y cabos
recogidos, de propuestas y respuestas en el que también participó un joven
estudiante alemán llamado Noel.
Don de
lenguas
es una
novela escrita a cuatro manos por Rosa Ribas y Sabine Hofmann que mezcla novela
policíaca, thriller y novela histórica para construir un universo al que entrar
(no un mero escenario) y una intriga que comienza suave pero que se acaba
poniendo muy muy interesante. Y peligrosa.
–        
La primera
pregunta es, quizá, obvia pero necesaria: ¿cómo se escribe una novela a cuatro
manos? Sobre todo una novela negra, en la que ningún detalle puede quedar
suelto, ningún cabo puede quedar sin atar.
–        
Es un proceso muy diferente, así que lo
hemos hecho, como te puedes imaginar, con mucho trabajo. Necesitas mucho tiempo…
pero es una novela que queríamos escribir sin prisa. La hemos escrito con toda
la calma del mundo porque lo que nos interesaba era el proceso. Al lector le
importa el resultado pero a nosotras, en esta ocasión, nos interesaba el
proceso. Aprendes mucho de cómo funcionas, de cómo vienen las ideas… No es el
trabajo solitario que tienes normalmente, sino que tienes a alguien con quien
estás discutiendo, hablando… y se da un proceso muy curioso a veces: tú tienes
la idea A, la otra tiene la idea B y al final la que sale es la idea C. Es muy
enriquecedor pero, claro, cuesta conciliar dos estilos, dos formas de trabajar,
dos formas de pensar diferentes… Ha sido laborioso pero ha valido la pena, las
dos hemos salido enriquecidas de este trabajo.
–        
Claro,
porque hay que tener en cuenta, además, sus diferencias culturales: usted en
española y Sabine es alemana
.
–        
Yo llevaba 22 años en Alemania, pensaba que ya era más
alemana que cualquiera… pero descubres que no, que los alemanes siguen siendo
más alemanes que tú a la hora de trabajar. Por ejemplo, creando la trama: yo sé
a dónde vamos, sé el camino, pero no necesito que todo esté tan detallado. Yo
escribo a mano… y se me iba la mano a escribir más que a planificar. Pero
Sabine me decía: “no, esto lo tenemos que pensar hasta el final (que es una
expresión muy alemana)”. Entonces, claro, lo pensábamos hasta el final y nos ha
venido muy bien hacerlo así, tenerlo más planificado. Fue más fácil tenerlo
todo claro: cada una tenía sus capítulos que correspondían a determinados
personajes. Cada una teníamos nuestra constelación de personajes pero a veces
los intercambiábamos, para saber si conocíamos bien a los otros personajes.
Para hacerlo, tienes que entrar en su cabeza, mirar a través de sus ojos… y así
veías que lo tenías dominado, que lo conocías. Trabajamos así y cuando estuvo
todo el texto (la mitad estaba en español y la mitad en alemán), nos tradujimos
y al traducirnos hicimos el filtro más duro que podríamos hacer. Mientras
estábamos escribiendo, Sabine me pasaba sus textos, yo a ella los míos y, como
escritoras, ya íbamos corrigiendo, proponiendo, tomando notas… Pero cuando
tomas ya la versión final y la tomas como traductora, ya no dejas pasar ni una:
frases superfluas, fuera; contradicciones, fuera; diálogos que sobran o no te
acaban de convencer, fuera… Ha sido un trabajo muy enriquecedor y nos ha
enseñado mucho sobre el proceso. Al final hemos tenido la novela completa en
español y completa en alemán, hay dos originales, ninguna es traducción de la
otra. Pero para que no hubiera ninguna discordancia, yo soy la responsable
final del texto en español y Sabine, del texto en alemán. No se nota que hay
cuatro manos… ¡o tres! Porque ella utiliza el ordenador pero yo utilizo esta (y
levanta la mano izquierda). Para asegurarnos de que no se notaba, se lo pasamos
a una filóloga y nos confirmó que no se sabía quién había escrito qué parte.
“¡Ahora sí esta!, ahora sí”, dijimos.
–        
La verdad es
que no se nota pero, leyendo el libro, sí he pensado que había cierto
paralelismo entre protagonistas y autoras: Beatriz es más alemana, más
racional, mientras que Ana es más pasional, más loca, más impulsiva…
–        
Sí, es verdad. Cuando diseñamos los personajes, cuando
esbozamos sus características, yo le pregunté a Sabine que si tenía alguna
preferencia… y, claro, ella dijo que Beatriz (risas). Pero lo bueno es que, en
el resultado final, no se nota la diferencia. De hecho, hay capítulos de
Beatriz escritos por mí y capítulos sobre Ana escritos por Sabine. Hemos
conseguido conocer tan bien al personaje que podíamos escribir la una los de la
otra. Incluso hay capítulos que hemos hecho a medias, porque a lo mejor una se
atascaba y le pedía a la otra “¿me lo puedes acabar?” y lo terminaba la otra.
Domingo Villar comentaba en la presentación de la novela todo esto, destacando,
precisamente, lo celoso que es el escritor… Es otra forma de escribir.
Ha sido un
proceso muy lento y conjunto y por eso, paralelamente, he ido escribiendo otra
novela yo sola, porque necesitaba crear una novela más individual, donde estaba
yo con mis cosas. Las hemos acabado a la vez.
–        
Noel: ¿Por
qué decidiste colaborar con ella?
–        
Nos conocemos desde la universidad, cuando
trabajábamos las dos en el Instituto de Románicas, y una vez le regalamos a una
compañera muy querida que se marchaba de la universidad un relato, de unas 50 o
60  páginas, escrito por las dos. Era una
novelita sobre Nebrija, escrita en alemán y en español, sin traducir, porque
esta compañera era alemana pero leía perfectamente en español. Y nos gustó
muchísimo la colaboración, el pensar la historia juntas, documentarnos juntas…
Además, escribir en secreto (para escondernos de la compañera) nos dejó el
gusanillo dentro para escribir un proyecto grande. Y luego se dio: había una
idea para una novela en la que el conocimiento, el conocimiento de lenguas y de
literatura tuviera un peso especial y que eso diera la calve para resolver el
caso. Empezamos a pensar, a organizar, a buscar información sobre otros
escritores que habían trabajado a cuatro manos y pensamos que nosotras lo
íbamos a hacer todo juntas.
–        
Su creación
es mixta pero, en su clasificación genérica, también lo es porque tiene una
parte policíaca, una parte histórica, otra de thriller… ¿Por qué esta mezcla de
géneros?
–        
Era natural. Ambientamos la historia en los años 50,
lo que exigía esa parte histórica, de documentación, pero el hilo conductor es
una historia policial y queríamos que no cayera en algunos malos hábitos de la
novela histórica (que la novela se pare para explicar la Historia, que es una
cosa muy anacrónica: que un personaje, desde dentro de la historia, te cuente
cómo es el momento… A mí me echa de la novela) así que le dimos ritmo de thriller.
Y tiene una parte muy costumbrista (sin que ello sea peyorativo): mostrar la
vida en el momento. No paramos nunca, el personaje no se pasea por un
escenario, está dentro de ese mundo. No hay nadie que diga: “¡¡ay!! En esta
época, en que había tanta miseria…”. No, la miseria la ves, y el hambre y qué
anhelaba la gente: un plato de nata con nueces, que era un lujo absoluto, o
unas medias. Contar cómo alguien se pintaba la rayita detrás de las piernas
para simular que llevaba medias es muy gráfico, pero es algo muy de la época y revela
lo que ocurría. Queríamos mostrar la vida pero sin que nadie se la contara al
lector. Queríamos que fuera él el que viajara en el tiempo de la mano de Ana,
de Beatriz, de Castro… de todos los que tienen una perspectiva propia en la
novela. Es novela histórica, es policial, es filológica… por supuesto. Y nos
halaga mucho que nos digan que es una novela con muchas capas.
–        
Capas que,
además, están muy bien integradas, no chirría nada. Es muy sutil. Es lo que
pasa, por ejemplo, con el análisis explícito de la sociedad que sí hay en
muchas novelas negras o policíacas (e históricas). Aquí no aparece. Hay
referencias, muchas de ellas muy sutiles, pero nadie explica nada, se da por
hecho que (tal y como ocurre) el lector a sabe de qué se habla.
–        
Yo creo que a veces se subvalora al lector, se le
explica todo demasiado. Y yo creo que el lector quiere extraer sus propias
conclusiones. Ese es el papel del lector. Sugieres y él entiende. A mí no me
gusta cuando llega el investigador y dice: “y ahora quietos, que os voy a
explicar el mundo”, eso me echa de la novela. Me doy cuenta de que ya no estoy
en ese mundo, de que el autor ha tomado posesión del personaje. Nosotras hemos
intentado que todo sea más sutil, más sensorial… y me alegra mucho de que eso
guste.
–        
Noel: usted
ha vivido mucho tiempo en Frankfurt, Sabine es alemana… ¿cómo pueden describir
tan bien la Barcelona de los años 50?
–        
Hemos hecho un trabajo de documentación muy hondo pero
lo que más ayudó a Sabine a comprender esta Barcelona fue la comparación con
Alemania. Analizamos cómo fue la posguerra española y la posguerra alemana.
Ella partía de una perspectiva más contrastiva. Le llamaba mucho la atención
que, por ejemplo, fuera justo en este momento en el que se estaba retirando en
España las cartillas de racionamiento, cuando la guerra española acabó en el
39, y en Alemania en ese momento comenzaba el despegue económico, cuando su
posguerra había comenzado seis años después, en el 45. Y en los 50 el país está
ya en vías de volver a convertirse en una potencia económica. Para mí fue muy
interesante contemplar estos elementos desde su óptica y nos permitía ver qué
es lo que queríamos destacar. Había mucho que contar sobre los 50 y este tipo
de comparaciones nos ayudó a ver en qué queríamos poner el acento. El trabajo
de Sabine fue más intenso, en este sentido, porque yo tenía más recuerdos, más
imágenes en la cabeza. Y tuvimos muchos informantes, disfrutamos mucho
entrevistando a mucha gente: de la alta sociedad, del mundo académico, gente
como mis padres… Le dieron mucho sabor a la novela. A veces nos regalaban comparaciones
que lo dicen todo. Mi padre, por ejemplo, me decía, respeto a la comisaría de
Vía Layetana: “¿te acuerdas cuando sacabas a pasar a la perra y, al pasar por
delante de la consulta del veterinario, hacía una arco y se alejaba de la
puerta? Así hacíamos nosotros”. No necesitas más. Estas imágenes comunican más
que cuando alguien dice explícitamente: “ahí pasábamos mucho miedo” y para
Sabine, que es una persona muy curiosa, fue un proceso de aprendizaje. Estos
pasajes también los dimos a leer a personas que lo conocían para ver si les
evocaba la época… y sus respuestas también nos ayudaron mucho.
–        
Tanto
Beatriz como Ana, los dos personajes principales de la novela, son mujeres
atípicas para la época (mujeres que anteponen sus profesiones o su libertad al
amor, al matrimonio, al modelo de felicidad de los años 50)… ¿Es un intento por
hacer valer a mujeres marginales en aquellos momentos que, sin embargo,
existieron y cargaron con el peso de ser diferentes? ¿O se trata de un
anacronismo consciente para marcar la diferencia con el resto de personajes
femeninos?
–        
Queríamos evitar el anacronismo, así que justo lo
primero. Beatriz representa lo que pudo haber sido y por eso está en ese exilio
interior. Cuando pensamos en ese momento histórico en el que empezaron a surgir
escritoras, periodistas… con gran efervescencia y todo eso se vio truncado…
Beatriz es la persona que se ha quedado ahí y no puede ejercer su vocación, que
es la enseñanza de la literatura y por eso su única esperanza es salir del
país, irse a otro sitio donde pueda enseñar. Ana, por su parte, tiene un motor
muy fuerte: la necesidad de continuar con la tradición familiar. Padre y abuelo
fueron periodistas, su hermano ha muerto y ella tiene cierta necesidad de
suplir al hermano en su relación con su padre. No queríamos que fuera una
novela con gran carga psicológico pero sí se apunta esta idea. Para Ana nos
sirvió de inspiración el personaje de Margarita Landi, la periodista de El Caso
que comenzó a trabajar justo en esta época. Ana es como la Margarita Landi de
Barcelona porque Margarita Landi empezó en sociedad, cubriendo bautizos,
puestas de largo, la señora No-Sé-Qué nos muestra su magnífico traje de tenis…
y después pasó a los sucesos, que era el otro tema de interés en la época. Como
no podían tratarse temas que se consideraban deshonestos (todo lo que tuviera
que ver con sexo), se pasó a la otra gran afición muy hispánica que es el
morbo. El morbo sí se cultivaba, pero como vemos en la novela, siempre teniendo
en cuenta que lo malo pasaba fuera; si era un crimen español, entonces servía
para que se pudiera mostrar lo bien que trabajaba la policía. Ana también es un
personaje atípico pero no es extraordinario para la época. Aunque choca constantemente
con muros, porque es una mujer y está trabajando en La Vanguardia por una
cuestión de mala conciencia, y eso a ella no le basta. Las limitaciones que se
ponían a los periodistas en la época se hacen mayores en su caso por ser mujer.
–        
Pero lo más
curioso es que muchas de esas limitaciones y muchas de las discriminaciones que
contáis en la novela se mantienen hoy en día. Se mantienen tanto en lo que se
refiere a las diferencias de género como a lo que se puede y no se puede
contar. Parece que no han pasado los años.
–        
Sí, en el fondo muchas cosas siguen así. La censura es
un tema que está muy presente pero también la censura interior, la que se autoimpone
el propio periodista. Es importante porque muestra hasta qué punto a uno lo van
moldeando para que después uno mismo ya no lo diga, porque total…
–        
Noel: Es que
en la carrera de Periodismo te hablan de la prensa como el cuarto poder y luego
resulta que la noticia la tiene que leer antes el comisario para dar el visto
bueno.
–        
Aquí es el comisario de policía pero en otros ámbitos
será el jefe de redacción que no quiere líos ni con los que gobiernan ni con la
empresa que nos patrocina. Yo creo que puede ser un libro interesante también
para reflexionar sobre el papel de la prensa. En la novela se habla también del
Caso Broto que también da una idea de hasta dónde puede llegar la prensa y
hasta dónde no puede llegar. En Alemania hubo un caso muy similar, una
prostituta que también fue asesinada, y su agenda desapareció, nunca se supo
quién fue. La prensa también fue silenciada por completo. Y vemos que hay cosas
que siguen ocurriendo hoy en día. Uno puede reflexionar y ver paralelismos y
analizar qué pasó en la época y qué pasa hoy. Me gustaría que sirviera también
para este tipo de reflexiones. Cada lector hace su lectura, hay que confiar en
que el libro dé muchas opciones.
–        
Personalmente
me han gustado mucho las dos heroínas que, en realidad, son un poco heroínas de
pacotilla, ¿no? La rata de biblioteca y la periodista novata que se ven
envueltas en un lío tremendo. Además, son dos personajes muy humanos que
muestran sus contradicciones y sus anhelos en varias ocasiones. Es curiosa, por
ejemplo, la escena del interrogatorio en la que Castro golpea a la interrogada
y Ana se debate entre intervenir o no. Tiene miedo a que ella también pueda
salir malherida pero, egoístamente, también a perder su trabajo. No es una heroína,
es una persona, y como tal aparece retratada.
–        
La idea era que todos los personajes tuvieran sus
luces y sus sombras. Ana es la protagonista y uno siempre piensa que el
protagonista tiene que estar por encima moralmente… pero no. Ana muestra las
limitaciones de la época con sus dudas. En esa escena, por ejemplo, Ana aprende
que si quiere hacer su trabajo se tiene que quedar callada,  lo acepta. Todos los personajes salen algo
manchados después del libro. Todos tienen cierta ambigüedad. Castro no se
cuestiona, sabe que tiene el derecho a pegar y lo hace, aunque luego resulta
que es un padre amantísimo. Ana y Beatriz también hacen cosas muy fuertes y
acaban ensuciándose. Ana vive en una época en la que para salir adelante en su
profesión tiene que jugar y si juega, empieza a formar parte del entramado.
–        
Hemos
hablado de dos mujeres importantes en la novela… y es que hay una continua
reflexión sobre el papel social y laboral de la mujer en la época. Aparece
reflejado cómo debía comportarse, qué se esperaba de ellas, qué debían sentir…
Hay una visión negativa de la mujer, propiciada por comentarios, miradas,
adjetivos, formas de entender el comportamiento de las féminas (en boca, sobre
todo, de hombres) pero las mujeres de la novela (o al menos estas dos mujeres)
rebaten esa visión con sus actos… Hay una clara contraposición entre lo que se
cuenta y lo que se ve, entre lo que se dice y lo que hacen.
–        
Claro, el lector entra en las perspectivas de las
protagonistas y lo que ve son sus actos pero al mismo tiempo “escucha” las
valoraciones de los otros. El lector descubre las dos caras de los personajes,
por ejemplo, de Beatriz, que es una rata de biblioteca pero que demuestra que
también tiene su cara de mujer de acción. La idea es ver, como siempre sucede
en la vida real, hablamos de las personas y las imágenes que transmitimos no
coinciden ni con las de los otros ni con las que ellos tienen sobre sí mismos.
Queríamos que todo se relativizara, ningún personaje aparece de forma absoluta.
Estas dos mujeres sacan su brío para salir adelante. A pesar de sus miedos, Ana
lo hace y por hacerlo se mete en un lío realmente peligroso. Y Beatriz, que en
principio no quiere meterse, acaba metida. Son personajes humanos, con sus
contradicciones, pero que esperamos que el lector los quiera, porque todo el
mundo toma decisiones correctas y decisiones equivocadas. Queríamos dos mujeres
de carne y hueso.
–        
Noel: el
contexto familiar de Ana es fascinante, con esa madre que distingue claramente
lo que era Antes y lo que es el Después (de la guerra), con ese deseo tan
grande de que su padre le reconozca su labor de periodista… Todo ello también
da idea, efectivamente, de un personaje de carne y hueso que tiene problemas en
casa y también en el trabajo.
–        
Como nos suele pasar a todos. A veces te presentan
personajes que son perfectos en alguna faceta de su vida, que llegan a casa y
tienen un marido o una mujer supercomprensivos, unos niños modélicos… No, esto
no ocurre. Lo más normal es que los niños te haya destrozado media casa y que
tu pareja esté tan cansada como tú…  y
aún así tienes que seguir adelante. Todo el mundo tiene su propio motor, algo
que le mueve y queríamos que eso quedara claro en la novela. Si lo hemos
logrado, eso es lo mejor que le puede pasar a un personaje.
–        
Antes has
dicho que un libro ofrece una lectura diferente a cada lector. Yo, como
periodista, he visto una metáfora entre el juego que se produce en la novela
con la diferencia entre la versión oficial y lo ocurrido realmente y lo que se
vivió en la época (o seguimos viviendo, depende de lo que se mire). ¿Es una manera
de poner en duda la Historia oficial, de reivindicar la verdad que hemos
perdido por el camino?
–        
Sí, es una de las lecturas posibles. De los años 50
hemos hablado poco y está empezando a salir mucho material ahora. Es una época
de silencios, de sobreentendidos, de hablar entre líneas… Yo creo que vamos
aprendiendo ahora cómo eran. Tenemos muy clara la posguerra, los años 40, y
muchas veces hay como un salto a los 60, y los 50 se quedan ahí… Pero la gente
también tenía ilusiones y deseos en los 50, tenía ganas de hacer algo. Hemos
tomado para la novela el año 52 porque es un año importante políticamente,
porque muchos pensaban “bueno, esto ya pasará” y de repente se produce el
reconocimiento oficial internacional del Régimen y hay que cambiar las opiniones:
“¡uf!, esto va para largo”. Económicamente se va viendo un poco la luz al final
del túnel pero políticamente se cierra una puerta. Pero la gente seguía
viviendo, con sus ilusiones, y eso queríamos mostrar. Queríamos dar a conocer
esa Historia que se ha contado poco, porque la gente que la vivió tampoco se ha
parado mucho a contarla. Pero, ahora, en cambio, notas que la gente tiene ganas
de hablar de ello, ahora es el momento para recuperar esa parte perdida de la
Historia, esa Historia en blanco y negro.
–        
Noel: Para
terminar, mi pregunta es: ¿por qué eligieron como título Don de lenguas? Porque es un título que llama mucho la atención
.
–        
Teníamos el título bastante claro desde el principio
porque la idea era llamar la atención sobre el tema de la lengua, tan
importante en la novela. Por un lado está todo el conocimiento lingüístico de
Beatriz, que resulta clave para ir resolviendo el caso y, por otro, la
sagacidad lingüística de Ana para entender lo que le cuenta la gente, para
comprender lo que le dicen. Además de todas las referencias literarias que
aparecen en la novela, claro.
Lidia Casado

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1 respuesta

  1. Muy buena entrevista. Rosa Ribas es estupenda, leí "La detective miope" y me encantó su ingenio, su riqueza de prosa, su agilidad y su humor. Espero que tenga mucha suerte con su nuevo libro. Besos.

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