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ENTREVISTA A SUSANA FORTES AUTORA DE ‘SEPTIEMBRE PUEDE ESPERAR’ (@Planetadelibros )

¡Hola a todos!
Hoy comparto con vosotros la entrevista que hace poco realicé a Susana Fortes, que hace pocas semanas ha publicado una deliciosa novela: Septiembre puede esperar con la Editorial Planeta. Esto es lo que me contó:

Hola, Susana, antes de comenzar con la
entrevista, además de agradecerte tu amabilidad por colaborar con mi blog, me
gustaría que nos hablaras un poco sobre ti. 
¿Cuándo supiste que querías ser escritora? 

No supe que quería ser
escritora hasta que lo fui, y desde entonces ya no pensé en  ser otra cosa.  De niña no
soñaba con ser escritora ni por asomo, me parecía un oficio demasiado
sedentario. Tuve varías vocaciones intensas pero frustradas, como
paracaidista, misionera, bailarina o granjera. Si fracasas  de joven, 
a los doce o trece años, después todo te parece pan comido.  De adolescente tampoco llevaba un diario ni
escribía poemas como la mayoría de mis amigas. Todo ocurrió más tarde, al
volver de un viaje por la Bretaña francesa. Ya no era ninguna cría y tenía una
hija pequeña. Supongo que era el momento.

¿Qué fue lo primero que escribiste? ¿A qué edad lo hiciste? 

Pues ya era una treintañera con grandes dosis de confusión, pero capaz de
tomarme mis descalabros con cierto sentido del humor. Lo primero que escribí
fue una novela titulada “Querido Corto Maltés”, como homenaje a mi héroe
favorito. El mítico personaje de cómic creado por Hugo Pratt. Tuve suerte. Gané
el Premio Nuevo Narradores. Y ahí empezó todo.

¿Tienes tu vida profesional relación directa con tu faceta como
escritora?
 

¿Te refieres a si tengo otra fuente de
ingresos aparte de las novelas? Sí. Doy clases de Historia del Arte en el Instituto
Sorolla e imparto un máster de escritura creativa. Supongo que hay una relación
directa entre lo que enseño y mis novelas, todo tiene que ver con el arte de
mirar.  Al fin y al cabo lo que hace
falta para escribir es lo mismo que se necesita para entrar en un cuadro de
Caravaggio o de Goya: aprender a ver en lo que todos miran algo que no todos
ven.

¿Cómo te formaste como escritora? 

Leyendo,
por supuesto. No hay otra manera. Me crié devorando  hasta los huesos libros, cabalgando entre
páginas que me hacían volar desde una granja en África a los páramos de
Yorkshire, de Macondo  al Londres de
Sherlock Holmes o al Berlín de la guerra fría, sumergiéndome en otros mundos.
Cuando aún no había escrito ni una línea, ya había leído toneladas de
literatura y había estado haciendo un saqueo cabal de los libros que me
fascinaban. Canibalizándolos hasta que conseguí encontrar mi propia voz. Mi
manera. Preparándome para cuando llegara el momento. Y el momento llegó.

¿Tienes alguna manía al ponerte a escribir? 

Me gusta
escribir descalza, con el móvil en modo avión, 
procuro evitar la voz pasiva y cuando me atranco, salgo a correr. 

¿Prefieres algún lugar o momento a lo largo del día para escribir? 

Escribo a puerta cerrada.
Es una manera de decir en casa que voy en serio. O sea  que nadie me incordie si llega un aviso de
SEUR o se atranca el filtro de la lavadora. Aunque, ni caso, claro. Algunos
escritores tienen la suerte de poseer un refugio  frente al mar 
con un escritorio colonial de persiana como el que usaba Rudyard
Kipling. Yo me conformo con poder cerrar la puerta. Y gracias.

Antes de iniciar una novela, ¿la planificas mucho o te dejas
llevar por la inspiración?
 

Tengo mentalidad de
lectora, por lo tanto no trabajo  con un
esquema previo. Para mí es importante dejar un margen de libertad a lo
inesperado. Si  supiera de antemano todo
lo que va a ocurrir en la novela, tendría la sensación  de estar escribiendo al dictado. Y me aburriría,
claro. Es como si en una serie emocionante ya supieras de antemano quién es el
asesino. Yo necesito cierto suspense para escribir. Hacerme preguntas e intentar
encontrar las respuestas.

¿Eres
una escritora de las que escriben a mano o te decantas por las nuevas
tecnologías?
 

Siempre llevo un pequeño bloc de notas en el bolsillo, pero
escribo directamente sobre el teclado. Voy con mi MacBook Air a todas partes.

¿Cómo es un día en la vida de una escritora como tú?  

Como el de cualquiera que pelea cada
día por pagar facturas y sacar adelante a los suyos. Normalmente te levantas
con un montón de obligaciones como hacer la compra, poner una lavadora o pasar
la ITV. Y también con algunas preocupaciones angustiosas como el paro juvenil,
la situación que atraviesa el país o la cita con la ginecóloga. Pero a la hora de escribir  soy bastante
disciplinada, sigo un horario de trabajo intensivo. Me gusta contar historias y procuro
hacerlo lo mejor que sé. No creo que sea un trabajo mejor que construir
muebles, hornear  pan o conducir un
autobús, pero tampoco es peor.

¿Eres aficionada a la lectura?¿Le dedicas muchas horas a lo largo
del día?
 

Sí. Y si el día tuviera más horas, le
dedicaría más. Cuando tengo un buen libro entre manos, siento que estoy a salvo.
   

¿Qué tipo de literatura te gusta leer? 

Me vale con que esté bien escrito y tenga cierta aura, o lirismo
callejero. Con el tiempo una desarrolla cierto olfato para orientarse en las
librerías. Pero leo de todo: novela negra, de espionaje, de viajes, de intriga,
de aventuras, biografías… Me encanta la narrativa anglosajona clásica y
contemporánea, a veces también me gusta arriesgar y así he descubierto a
escritoras muy interesantes antes de que fueran muy conocidas: como Tana
French, Anne Michaels, Annabel Pitcher, Nell Leyshon o Elizabeth Strout…    

¿Eres lectora de libros de papel o también lees e-books? 

Para el sofá de casa, prefiero el papel. Pero viajo mucho y siempre es
bueno tener el Kindle a mano: en las salas de embarque de los aeropuertos, en
las tardes de lluvia, en las habitaciones de hotel, en un banco del parque…

¿Cuál es tu autor favorito? ¿Nos podrías recomendar una obra de
él?
 

Esa es una pregunta que nunca he
contestado de manera satisfactoria, porque me provoca una especie de saturación
en el cerebro. Graham Greene y Lé Carré fueron importantes en una época de mi vida;
Cumbres borrascosas, de E. Brontë fue fundamental en mi adolescencia; García
Marquéz, por supuesto; Lorca, siempre;  Michael Ondatjee, Rumer Godden, Paul Auster…
en general me gusta mucho toda la narrativa anglosajona de antes y de
ahora.   

¿Recuerdas algún libro de tu infancia
con especial cariño? ¿Cuál es? ¿Por qué le tienes especial cariño?
 

La
Odisea. Una edición infantil encuadernada en tela granate con ilustraciones. Me
la regalo mi padre cuando cumplí 7 años.

¿Qué estás leyendo ahora? 

Una mujer difícil, de John Irving.  

¿Si tuvieras que recomendar una novela cuál sería? 

Matar a un ruiseñor, por ejemplo, de Harper Lee, que releí este verano.

¿Qué autores clásicos y contemporáneos te han influenciado como
escritora?
 

De Homero a Jack London, pasando por
Conan Doyle, Stevenson, las hermanas Brontë, Henry James, Isaak Dinnesen,
Dumas, Thomas Mann, Chejov, Hugo Pratt y hasta Agatha Christie. 

¿Hay algo que haya influido en tu manera de escribir como la
música, el cine, alguna vivencia, tus raíces…?
 

Una escribe con todo lo que lleva en la mochila, su educación sentimental. Ahí
entran desde los terrores infantiles, los amores olvidados,  el humor, las ausencias, los enigmas y los
mundos perdidos. Todo ello aderezado con la música de Jhonny Cash, Bob Dylan o
Leonard Cohen  por motivos generacionales.
De Loreena Mackennit y de la música nórdica en general por querencia céltica,
supongo. Y por supuesto el cine. Alguna de las cosas más importantes que
aprendí sobre  el oficio de contar, me
las enseñó el cine.

¿Tienes más aficiones además de la literatura? ¿Nos podrías hablar
un poco de ellas? 

Viajar. Creo que de todas las cosas que
hago y que haré,, además de escribir, viajar es la más irrenunciable.

Hablemos ahora sobre tu novela, Septiembre puede esperar:
¿De dónde surgió la idea de escribir esta novela? 

Bueno el verdadero trabajo de los escritores no es
encontrar una buena historia, sino reconocerla cuando aparece. El día del
aterrizaje de esta idea yo estaba descalza en la cocina de casa, desayunando y
mirando una revista de moda.  Ahí
encontré  los zapatos de la protagonista.
Al principio era lo único que tenía de ella. Unos preciosos zapatos de tacón de
puntera abierta. Luego fueron apareciendo más cosas: fotografías de las calles
de Londres  bajo los bombardeos,  llenas de escombros y cristales rotos, por
las que caminaba una mujer jovencísima con esos zapatos imposibles para el peor
invierno de la guerra.  Su nombre, Emily
J. Parker. 32 años. Pelirroja. Escritora. Desaparecida en pleno centro de
Londres el 10 de mayo de 1955. 

¿Cómo te organizaste para escribirla? 

Había
algo en la desaparición de Emily J. Parker que me importaba personalmente.
Aunque no supe exactamente qué era hasta el final. Es curiosa la fascinación
que ejerce sobre nosotros  los relatos
inconclusos, las vidas que se quedan a medias. Una siente la necesidad de
escribir para rellenar los huecos en blanco, 
buscando en las vidas ajenas soluciones a los enigmas propios. No
siempre los encuentra, por descontado. Pero lo intenta a pesar de todo y  alguna vez, – con un poco de suerte- lo
consigue.

¿Tiene alguna historia real detrás? ¿Es muy diferente de la que
acabas explicando en tu novela?
 

Las vidas de
escritoras apartadas abruptamente  del
carril siempre me han interesado. En un mundo donde los hombres hacen las leyes
y las mujeres lavan la ropa interior, 
una escritora es siempre una amenaza.  Emily J. Parker es un personaje de ficción,
porque la ficción es la mejor manera  que
conozco de contar la verdad.

¿Qué fue lo más complicado de la escritura de Septiembre puede esperar? 

Por momentos pensé que no sería capaz
de llegar hasta el final,  porque las
cosas siguieron un curso con el que no había contado ni por asomo. Cómo tratar
el terror, por ejemplo. Desde
el Antiguo Testamento, la fascinación por el miedo está en nuestro ADN. Asesinos
de niños, padres cuchilleros, demonios familiares, plagas mortíferas, Herodes,
Abraham… Todo está en la Biblia. Más de una vez creí que el tema se me estaba yendo de las
manos y volví sobre mis pasos, hasta que entendí que era ahí precisamente, en
esa cuerda floja, donde tenía que dar el salto de altura.

¿Tenías claro desde el principio cómo escribirías la novela?  

La historia de Emily J.Parker estuvo
hirviendo a fuego lento durante algún tiempo en mi cabeza. No empecé la novela
hasta que encontré el hilo con  que tenía
que coserla. O sea,  la voz narrativa de
Rebeca, una
estudiante de Filología con una beca de postgrado, que en enero de 2009 llega  a un Londres 
completamente nevado arrastrando su maleta de ruedas hasta su habitación
alquilada en Notting Hill con la señora Bartholomew y su gato. La novela
naturalmente tuvo que adaptarse a la ciudad actual, con su ritmo rugiente, sus
autobuses rojos,  su manía de conducir
por la izquierda y su carácter endiablado.

¿Cómo fue ese momento de ponerte a escribir la primera frase de la
novela? 

Para mi el arranque de una novela es el
momento fundacional. Ahí te la juegas. Es donde está puesta toda la carga
genética de la novela.  Yo empecé así. “Hay dos lugares en los que una
persona puede desaparecer por completo: Londres y los mares del Sur.” La
frase es de Herman Melville, un tipo de fiar teniendo en cuenta lo que hay por
ahí. Entre los dos destinos no hay la menor duda. La capital del Támesis es una
ciudad contaminada, indiferente, narcisista y con un clima de mil demonios. Los
mares del Sur, por el contrario, son un auténtico paraíso. Yo elegí Londres,
naturalmente.”

¿Te llevó mucho tiempo escribirla? 

Bastante. Casi dos años. No siempre salen las cosas como quieres a la primera.
Tuve que corregir bastante. Escribir es humano, pero corregir es divino.
(Risas)

Para los que no conocen tu novela, ¿qué destacarías de ella? ¿por
qué el lector debería elegirla?
 

Eso deberían decirlo
los lectores. Me temo que yo no sería objetiva. Pero creo que quizá le puede
gustar a quienes les interese la intriga y el misterio con elementos
psicológicos, a los amantes de Londres, a quienes no les importe  que las mujeres sean protagonistas, a los que
crean que el suspense no está reñido con los sentimientos, a los que agradezcan
también  ciertas dosis de humor. Es una
novela, por otra parte, escrita en camiseta y vaqueros.  No  me
gusta poner el lenguaje de tiros largos. Espero que mis lectores se sientan
cómodos.

Y ahora hablemos del futuro:¿Estás trabajando en algún nuevo
proyecto? ¿Nos puedes contar algo sobre él?
 

No. Claro que no. Es una norma de la casa. Nunca suelto prenda hasta que he
acabado mi trabajo.

¿Cuáles son tus propósitos literarios para el 2018? 

Leer mucho. Tengo un montón de libros esperando en la mesita de noche.

¿Qué consejos darías a los escritores noveles que desean que sus
novelas sean publicadas?
 

Que eviten las puestas de sol idílicas,
que no den demasiadas explicaciones, que huyan de los adverbios y de los
editores que ofrecen duros a cuatro pesetas o, peor aún, de las ventajas de la
autoedición. Un editor como dios manda debe ser un tipo antipático o una mujer
que no se ande con remilgos. Alguien de fiar. De los que si llevas la cremallera
del pantalón desabrochada, te lo va a decir antes de que te presentes en
público.    

Para acabar, si quieres decir algo a los lectores de esta
entrevista las siguientes líneas son todas tuyas.
 

No
sé… Creo que el vínculo entre un escritor y sus lectores  es una de las relaciones humanas más sutiles
que existen. A veces hay una complicidad más estrecha que la que tenemos con
personas que conocemos de toda la vida. Espero estar a la altura.

Muchas gracias, Susana, y mucha suerte
con Septiembre puede esperar y tus
proyectos presentes y futuros.

Gracias a ti.

Aquí puedes leer el primer capítulo de Septiembre puede esperar.

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