FRANCISCO AZEVEDO, ARROZ DE PALMA

Autor: Francisco Azevedo
Título: Arroz de Palma
Editorial: Espasa
ISBN: 978-84-670-0781-7
Páginas: 364
Precios: Versión digital 13,29€
               
Versión papel 19,90€
Sinopsis oficial de la Editorial:
Había una vez un arroz que fue plantado en la
tierra, caído del cielo y recogido de entre las piedras, un arroz que no se
pasaba nunca que llegó de lejos de la mano de tres jóvenes llenos de ilusiones
y sueños…
Arroz de Palma es la historia de una familia,
la de José Custódio y María Romana, emigrantes en Brasil a principios del siglo
XX. Durante la preparación de la fiesta para celebrar el centenario de la boda
de José y María, su hijo mayor, Antonio, ya un abuelo, repasa las vidas de sus
padres, de su tía, de sus hermanos, de sus hijos y nietos y, por supuesto, la
suya.
Antonio sabe que la familia es un plato de
compleja elaboración y que la felicidad se cocina día a día. Pero ellos tienen
un ingrediente secreto: el arroz de la tía Palma, cuya magia se extiende más
allá del fuego y del tiempo.
Opinión:
La lectura de Arroz de Palma ha sido un
proceso largo, lento, y difícil, como pasa con los buenos guisos, cocinados durante
horas. Recibí el libro y lo cogí con mucha ilusión, pero después de unas páginas
tuve que dejarlo, no me atraía, no me enganchaba… Frases cortas, divagaciones
sin orden cronológico, y ese doble sentido temporal que da al autor a ciertas
escenas, que bien podrían ser del presente, bien corresponder al pasado. Lo
hice, dejé de lado el libro, donde pudiera verlo a diario, en la estantería del
salón, a modo de recordatorio: El libro ha podido conmigo. Dejé pasar el
tiempo, pero el libro seguía allí, mirándome, desafiándome. Cogí otro, que sabía
que me iba a encantar, La Tabla Esmeralda, de Carla Montero. Desafié entonces a
“Arroz de Palma” desde el sofá: ¡Ja! Te pongo los cuernos. Y leo, leo los
cientos de páginas de La Tabla Esmeralda de un tirón.
Pasa una semana y mi confusión aumenta. No
recuerdo ni una frase de la Tabla Esmeralda, que a priori, me ha gustado
(tampoco encantado). Recuerdo sin embargo las divagaciones de un señor de
ochenta y ocho años cocinando a media noche en una cocina… ¿Qué me pasa? ¿Cómo
puede ser? ¿Por qué se me han quedado grabadas las pocas páginas que leí?
Decido hacer trampa, copiar como en los exámenes
y leer las reseñas de mis compañeros. No quería haberlo hecho, ya que iba a ser
de las última en reseñar y poco iba a quedarme que decir…
Pero lo hago. Unos odian el libro, otros lo
adoran. ¿Y ahora qué? Miro desafiante al libro en mi estantería. Hago balance
interno. Siempre leo lo mismo, largas novelas históricas, románticas, y de
corte fantástico de entre 800 y 1200 páginas; con descripciones largas y frases
más largas aún, que me transportan literalmente a otros lugares, a otros
mundos, a otras épocas. Contenido explícito, poco en lo que pensar, poco en lo
que detenerse.
Y por fin llega el día, cojo el libro con
decisión y me sumerjo en él, en sus consejos, en sus palabras. Me encuentro
divagando en la mente de un señor de 88 años, y le entiendo, le cojo cariño;
pero también aprendo, de su forma de sentir, de su toma de perspectiva de la
vida, de la importancia de la familia.
Desde luego no es una novela, apenas contiene
argumento, o historia… ¿Es quizás un ensayo de autoayuda novelado? Puede ser,
mi impresión es que en este libro importa tanto la forma como el fondo. Como
pasa con la poesía. Las palabras y la forma que tiene el autor de expresar los
pensamientos y sentimientos del protagonista son de vital importancia, quizás más
que la narración, de ahí sus frases cortas, entrecortadas, sus saltos en el
tiempo que quitan importancia al argumento resaltando la forma de pensar del
protagonista. Tengo que realizar un mayor esfuerzo cognitivo, de entendimiento.
¿Está hablando del pasado o del presente? ¿De él mismo o de mí?
Sí, de mí, del lector, porque ese es sin duda
el plato fuerte del libro, que el protagonista habla con el lector, tiene una
complicidad absoluta con él:
¿Y tú? Sí, tú, que me lees los pensamientos
y has venido hacerme compañía. ¿Cómo saliste en el álbum de fotos? ¿El más práctico
y objetivo? ¿La más sentimental? ¿La más servicial? ¿El que nunca quiso saber
nada del trabajo? Seas quien seas, no te quedes ahí quejándote del género ni
del grado comparativo. Coge todas esas afinidades y antipatías que forman parte
de tu vida. No hay prisa. Yo espero. ¿Ya las tienes? ¿Todas? Genial. Ahora
ponte el delantal, coge la tabla, el cuchillo más afilado y ten cuidado. Bien,
después tú también olerás a ajo y cebolla. No te avergüences si lloras. La
familia es un plato que emociona, Y uno llora de verdad. De alegría, de rabia o
de tristeza.”

El protagonista invita al lector a participar,
en forma de su propia conciencia o pensamiento. De ahí que el autor juegue con
esa ambigüedad, de sí habla con su pensamiento o con el lector. El lector es su
conciencia invitada, a observar, pero sobre todo a sentir, a reflexionar.
Es cuanto logro entender esto, cuando siento
que el protagonista me llama, es cuando por fin me sumerjo en libro, y ya sólo
tengo que dejarme llevar.
¿Odio la novela o me ha gustado? Me ha
gustado, sin duda, tiene algo de especial… pero también debo decir que no me ha
encantado.  Sobre todo me han
disgustado los saltos adelante y detrás. Ahora Antonio es un bebé, en el
siguiente párrafo un señor mayor ¿o quizás esta haciendo una comparación de su
estado actual con su adolescencia y en realidad habla de su adolescencia? Demasiada
ambigüedad, leo para divertirme, para entretenerme. Soy una egoísta, sólo leo
lo que me gusta, lo que me atrae. Y aunque algo me atrae de Arroz en Palma,
tengo que reconocer que también me ha aburrido en algunas partes.
El ejemplar para esta lectura conjunta ha sido
ofrecido generosamente por la Editorial Espasa
Almudena Navarro Cuartero

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3 Respuestas

  1. Cartafol dice:

    A mi me gustó la historia pero no la manera en que está narrada…Saludos

  2. Margari dice:

    A pesar de que no sea una lectura redonda, esta novela me llama. A ver cuándo le hago hueco.
    Besotes!!!

  3. Fesaro dice:

    Me ha encantado tu reseña, yo también le he cogido cariño a este abuelo de 88 y por mí que me invite a comer cada vez que quiera

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