Mi cuento para el concurso de Zenda #Historiasdeanimales

Concurso de relatos de Zenda

De vez en cuando me gusta participar en concursos literarios y uno en el que suelo participar bastante a menudo es el que convoca la web de zendalibros.com. En esta ocasión el tema del cuento ha de girar entorno a los animales, por esa razón yo he escrito este texto:

OJITOS AMARILLOS

Historias de animales

Era un verdadero misterio qué pasaba con Michi. Hacía tiempo que Silvia no quería quedarse sola en casa. Le aterraba la posibilidad de encontrárselo de forma inesperada, oír sus gruñidos o notar sus uñas afiladas sobre la piel. No quería que le pasara como aquella vez en la que sin querer le pisó la cola y en ese mismo instante un maullido desgarrado y tenebroso que le dejó sin aliento asoló la casa.

Silvia tenía miedo. Después de aquel encontronazo con el minino, no dejaban de repetirse en su cabeza sonidos cacofónicos y rotos, algunos a modo de susurro y otros en forma de grito desgarrado que le atormentaban de forma continua. Incluso, empezó a ver sombras, a notar un aliento entrecortado a la altura de su nuca, unas uñas afiladas que se le clavaban en los dedos de los pies mientras dormía e incluso un lomo de pelo áspero que le rozaba la piernas en el momento más inesperado. Los primeros días, quiso creer que todo aquello era producto de su imaginación, pero al encontrar cada amanecer a Michi con los ojos encendidos, de un amarillo casi fluorescente, en medio de la penumbra de la mañana mirándola fijamente desde la mesita de noche, un escalofrío le recorría el cuerpo y entonces era cuando tenía la certeza de que no se estaba volviendo loca.

Silvia vivía atemorizada y Ramón no la creía. Le decía que todo era producto de su imaginación y eso empezaba a resquebrajar su relación. Además, desde que el gatito había llegado a casa, Ana, su bebé de ocho meses, había empezado a tener unas fiebres altísimas. Incluso, todo lo que comía lo vomitaba hasta que acabó deshidratada e ingresada en el hospital. Después de aquello, la pequeña Ana no se recuperó. Dejó de reír y de jugar, y Silvia y Ramón no sabían qué hacer.

Una mañana, cuando ya había pasado un buen rato de la hora en la que la pequeña acostumbraba a despertarse, Silvia fue hasta su habitación extrañada, se acercó a la cunita y fue entonces cuando al tomarla en brazos, comprobó que estaba fría e inerte y con un puñado de pelos de Michi entre sus dedos. Por lo visto, hacía horas que había dejado de respirar.

Tras el funeral de Ana, Silvia se recluyó en casa. Pasaba los días enteros en la cama, a oscuras, bebiendo apenas un poco de agua y tragando algún bocado que Ramón, con paciencia infinita, le hacía masticar y tragar. En su cabeza retumbaban al unísono el maullido desgarrador de Michi y los lloros de Ana. Su niña, su bebé, ya no estaba y el gatito había desaparecido. Desde que su hija dejó de respirar, el pequeño minino se había desvanecido como por arte de magia.

Silvia vivía atormentada, necesitaba encontrar una respuesta a la muerte de su bebé y a los misterios que envolvían a Michi. Armándose de fuerzas y valor, pidió a Ramón que volvieran al lugar donde habían encontrado al gatito: a la bella Veccia.

Se perdieron de nuevo entre las calles de la pequeña ciudad, buscando el minúsculo taller de zapatos en el que aquel viejo anciano de escaso pelo blanco les había regalado a Michi. Pasaron días y días sin lograr encontrar el taller escondido. Desesperados, en las horas previas a coger el avión de regreso a casa con las maletas llenas de tristeza y sin respuestas, fueron a buscar por última vez al anciano zapatero. Perdiéndose una vez más por las estrechas y tortuosas calles de Veccia, encontraron una recóndita y pequeña puerta que no habían visto durante los últimos días. Sin pensarlo, Silvia llamó tímidamente con los nudillos. Nadie contestó. Esperó y volvió a llamar. Desesperados y apresados por el poco tiempo que les quedaba, miraron a través de las rendijas de las tablas viejas y resquebrajadas de la puerta, pero no lograron entrever nada. Ramón empujó con fuerza la puerta hasta que ésta se abrió de forma accidentada. Al abrirla, una inmensa luz blanca y muy brillante que emergía del fondo de la habitación, prácticamente los cegó. Cuando entraron, se sorprendieron al comprobar que aquel lugar, lejos de ser algo parecido al pequeño y desordenado taller que recordaban, parecía un lugar totalmente aséptico, donde todo era de un blanco inmaculado. Absortos en lo que les rodeaba, oyeron sorprendidos cómo la puerta se cerró de un portazo tras ellos. Instantes después, sus cuerpos fueron absorbidos por la luz en un centelleante destello , que fundió a Silvia y a Ramon en aquel haz.

Instantes después, todo se desvaneció para devolver a la habitación la apariencia de aquel antiguo y pequeño taller con su viejo zapatero de escaso pelo blanco rodeado de gatitos de ojos amarillos.

Inma Bretones

@lectoradetot

 

 

 

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4 Respuestas

  1. Ana dice:

    Un relato de terror, ciencia ficción ¡bien! Con tantas posibles interpretaciones. Estupendo

  2. Manupi dice:

    ¡Mucha suerte!

  3. Qué chulada de relato! Es muy inquietante y perturbador. Me ha gustado mucho, ya sabes que soy amante de este tipo de género así que genial! Espero que tengas mucha suerte en el concurso! Besos!

  4. RmariaCamacho dice:

    Mucha suerte

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