El abeto suicida
Vida de escritora

Mi #cuentodenavidad para el concurso de relatos de Zendalibros.com

Para acabar el año, participo en el concurso de relatos de Zenda, en esta ocasión lo hago con un particular cuento de Navidad, titulado: El abeto suicida.


El abeto suicida

Abeto suicida

Y aquí estoy un año más. Pensaba que el pasado sería el último pero no, no me libro ni queriendo. Para ser sincero, empiezo a estar ya un poco cansado de que cada diciembre pase lo mismo. Durante todo el año me tienen aquí apartado, me riegan cuando se acuerdan o me ven tan seco, que supongo que les doy un poco de pena. Entonces, solo entonces, me echan un cubo de agua. Pero además de eso, poco más… Bueno, también está Buba, el perro de la familia, que en verano, cuando está medio asfixiado de calor, escarba un buen agujero a mis pies para tenderse bajo mis ramas. Qué quieres que te diga… Siempre acaba haciéndome daño con las zarpas peludas que tiene, incluso me ha arañado alguna de mis raíces más superficiales. Si pudiera moverme, te aseguro que no le permitiría hacerlo. Y luego Eusebio le ve y encima le felicita por lo cómodo y fresco que está. Yo alucino…

Pero esto no es lo peor, lo que menos me gusta es cuando llega el mes de diciembre. Entonces sí que me echo a temblar. Cuando llega el frío, que es cuando más cómodo estoy, oigo a Eusebio en el garaje, y entonces sé que la pesadilla vuelve a repetirse. Se acerca a mí con esa escalera gigante cargado con la caja y las luces hechas una maraña bajo el brazo y con la ayuda de Manoli y de los tres chavales de la familia, que cada vez tienen menos ganas de ayudarles. Me adornan con todo eso. ¡Qué suplicio! ¡Qué vergüenza me da imaginarme cómo me dejan! Me estiran las ramas para poner las dichosas bolas brillantes, que me hacen cosquillas cada vez que sopla el viento, y también espumillón de colores, que me da unas ganas de estornudar tremendas. Y para acabarlo de arreglar, las luces… Eso es horroroso. No me dejan pegar ojo, porque siempre las encienden cuando empieza a anochecer y las dejan hasta el día siguiente, y me pasó todas las noches sin dormir. Así que cuando llega enero, estoy hecho un Cristo hasta que se acuerdan de quitarme todo lo que llevo encima….

Esto de ser un abeto es un fastidio. Recuerdo cuando estaba en el vivero, entonces sí que vivía bien. Aquello era un lujo: me cuidaban, me regaban, me abonaban y además estaba rodeados de amigos… Y mírame ahora… Más solo que la una en este jardín raquítico de delante de la casa, con Buba como único compañero, que además de escarbarme en los pies me mea encima cada vez que le apetece.

Así que lo tengo decidido, voy a hacerme el muerto. Igual de esa forma consigo que me saquen de aquí. Quién sabe, a lo mejor acabo convertido en mueble, en una silla, en una estantería o incluso un baúl aunque sea de Ikea. Eso sí que sería una vida cómoda, siempre dentro de casa, calentito y sin tener que aguantar este suplicio año tras año.

Inma Bretones

@lectoradetot

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