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MI RELATO PARA EL CONCURSO DE AMORES DE VERANO DE ZENDA

¡Hola a todos!

Interrumpo las vacaciones del blog, para publicar un relato para el concurso literario de Zenda, donde, como sabéis, suelo participar habitualmente.
Estas son las bases del concurso y este mi relato:

EL GATO

Este está siendo un verano con máximas
históricas de temperaturas. En mi vecindario, sin ascensor y de pisos
raquíticos, el calor es aún más asfixiante. Yo vivo en un quinto piso, el
último de la escalera. En mi lenta escalada hasta casa, me gusta observar todas
y cada una de las puertas de los vecinos. Además, mi prótesis de rodilla me
obliga a parar prácticamente en cada piso, por lo que aprovecho las escaleras
para sentarme y recrearme en lo que veo de sus puertas y oigo a través de
ellas. 
Llevaba unos días notando un nauseabundo olor al
pasar por delante de la puerta de los del cuarto primera, los que están justo
debajo de mi casa. Además, hacía un par de días que no oía a Félix, su
simpático gato que siempre que pasaba por delante de su puerta me maullaba a
modo de saludo. Recuerdo que hacía cuatro o cinco días que le oía maullar
insistentemente día y noche. Pensé que tal vez Rocío y Armando habían ido a
pasar unos días a la casa de campo de los padres de ella, para que Lucía, su
hija de tres años, estuviera unos días con los abuelos y así sobrellevar mejor
el calor.
El hedor que había en su rellano era insoportable, Concha, la
vecina del cuarto segunda decía que no podía ni dormir por el tufo que le
llegaba hasta la ventana del baño, que tenía justo al lado de su habitación.
Estaba convencida de que había algo raro dentro del piso de Rocío y Armando. Es
tan cotilla que se atrevió incluso a pasar de su balcón al de ellos, qué loca.
Entre los visillos de las cortinas del comedor, le pareció ver Armando tumbado
en el sofá, le llamó insistentemente con los nudillos al cristal de la
balconada, pero parecía no escucharle porque no reaccionó, me contó.
La policía llegó en unas
horas, forzaron la puerta y allí encontraron un espectáculo dantesco: Rocío y
la niña estaban muertas en su cama. Por lo que pude oír desde la puerta,
parecía que alguien las había asfixiado con las almohadas. Armando estaba
también muerto en el sofá, con un bote de somníferos vacío en la mano. Felix
estaba moribundo, sin rastro de comida ni de agua. La policía, mientras la juez
acababa su trabajo, se apiadaron del pobre animal y le dieron de comer y de
beber.  La juez de
instrucción hizo el levantamiento de los cadáveres y precintó el piso. Aquel
mismo día, después de acabar su jornada de trabajo, se fue de vacaciones y dejó
la llave del piso guardada junto al expediente hasta después de verano. Ya se
sabe que en agosto poca actividad hay en los juzgados. Con el piso precintado,
nadie pudo entrar a poner agua ni comida a Felix, que continuó maullando
algunos días después del fatídico hallazgo. Ahora hace días que dejé de oírle.
Inma Bretones
@lectoradetot

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