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MI RELATO PARA EL CONCURSO DE RELATOS DE VIENTO DE ZENDA

¡Hola a todos!

Hoy de nuevo estoy aquí con una entrada diferente a lo que suelo publicar habitualmente en el blog. 
Como algunos de vosotros sabéis una de mis pasiones, además de la lectura, es la escritura y, de vez en cuando, participo en concursos literarios como el de hoy. Si queréis más información sobre el concurso, aquí tenéis el enlace.

Y este es mi relato:

EMPEZAR DE CERO
Se
llama Laura, tiene treinta años y lleva muerta desde los quince, cuando conoció
a Guillermo, su verdugo. Su muerte no fue instantánea, de esas que hace pasar a
mejor vida de forma inesperada, ha ido muriendo poco a poco, de forma lenta,
agónica y dolorosa.
Ha deambulado moribunda con el alma rota, y con el cuerpo
magullado por chocar siempre con la misma piedra. Dicen que los humanos son el
único animal que tropieza dos veces con el mismo obstáculo, y ella ya está
harta de ser tan humana.
Le gustaría convertirse en un animal irracional, en un ave,
y desplegar las alas y volar lejos, sobre el mar, dejándose acunar por el viento
sobre la inmensidad azul y ondulada. Sintiéndose libre y volver a la vida.
Quiere huir de la tumba que él le ha construido y que le
asfixia. Sabe que le costará salir de ella, arrastrar la pesada losa que le ha
recluido todos estos años, no será fácil, pero se acabó, ha decidido que ahora le
toca a ella.
Esta
noche, de madrugada, ha reunido el valor que ha acumulado todo este tiempo. No
podía soportar ni una paliza más. Ha esperado a que Guillermo durmiera y se ha
levantado, sin apenas hacer ruido, de la cama que compartía con él. Ha ido
hasta la cocina en busca del cuchillo de la carne, el más grande que había en la
casa, y ha regresado a la habitación dejando entreabierta la puerta para
aprovechar la poca luz que llegaba desde la cocina. Entonces, empuñando el cuchillo
con las dos manos, lo ha alzado y lo ha clavado con todas sus fuerzas en el
pecho de él varias veces, hasta que los brazos le temblaban tanto por el
esfuerzo que ha caído abatida. Mientras le asestaba una puñalada tras otra,
recordaba las palizas, las costillas y el fémur roto, los labios reventados, y,
sobre todo, el bebé que crecía detrás de su ombligo y que él no le permitió
vivir.
La sangre le ha salpicado la cara, el pelo, la ropa y las
paredes, no le importa, la muerte es roja, le gusta el rojo, ya estaba harta de
que el negro fuera el color de su vida.
Sin fuerzas se ha levantado del suelo, donde yacía junto al
enorme charco de sangre y camina desorientada hacia la ducha, necesita quitarse
a Guillermo de encima por última vez. En la ducha, él se va por el desagüe. «Ya
no habrá más palizas», piensa.
Se
viste y sale, huye. Hace mucho frío. Intenta correr, pero las piernas le tiemblan.
El viento sopla arrastrando la niebla que cubre como un manto la calle. No sabe
a dónde ir, no tiene destino, sólo quiere escapar.
Sus pasos le encaminan hasta la estación de tren. Mira la
pantalla con los horarios sin ser capaz de descifrar las letras que aparecen.
Un chaval, con mirada huidiza y pelo grasiento, le pregunta si puede ayudarle a
utilizar las nuevas taquillas recién instaladas en la estación. Ella no le
escucha, solo es capaz de contestarle un «Sí, por favor». Él empieza a
desgranarle una retahíla de datos que es incapaz de descifrar, asiente como una
autómata. Le da unas monedas que encuentra en el bolsillo del pantalón y el
chaval le da un billete y el cambio. «Su tren está a punto de llegar, corra
hasta el andén». Laura cruza la puerta que lleva a las vías y se estremece por
el frío de la mañana, con las prisas no ha cogido el abrigo, sólo va vestida
con unos tejanos y un jersey fino y aún tiene el pelo mojado.
Sube al tren y localiza un asiento libre junto a la ventana,
le gusta fijarse en los paisajes, necesita perderse en ellos y huir de la
realidad que le persigue. Hoy lo abandona todo para empezar de cero, ansiosa
por mirar hacia delante y olvidando lo que deja a atrás.
Inma Bretones
@Lectoradetot

¡Gracias por leerme! 

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