MI RELATO PARA EL CONCURSO DE UN MAR DE HISTORIAS DE ZENDA

¡Hola a todos!
Hoy de nuevo estoy aquí con una entrada diferente a lo que suelo publicar habitualmente en el blog. 

Como algunos de vosotros sabéis una de mis pasiones, además de la lectura, es la escritura y, de vez en cuando, participo en concursos literarios como el de hoy. Si queréis más información sobre el concurso, aquí tenéis el enlace.
LUCIÉRNAGAS
Cada
día veo despertar el sol sentada sobre las dunas que dibuja la arena de
nuestra playa en su incesante ondulación hasta abrazarse con las olas del mar.
La cálida brisa del amanecer despeina mi pelo, y lo convierte en una maraña
poblada de nidos construidos de los más dulces momentos que vivimos. Ahora esos
instantes anidados son solo recuerdos.
            Juego con los dedos de los pies a
enterrarlos y a desenterrarlos en la arena fina y húmeda, recordando cómo nos reíamos
cuando nos inundaba cada recoveco de nuestros cuerpos, entonces también mojados
tras el baño nocturno en nuestro mar repleto de luciérnagas, como tú llamabas a
las estrellas que nos cubrían.
            Los recuerdos desbordan mi mente,
como entonces la arena invadía los bolsillos o cualquier otro de nuestros
rincones de forma caprichosa. Los recuerdos, que por ahora se niegan a
convertirse en olvido, son lo único que queda de nosotros.
Lo
nuestro fue algo intenso, que, desde el inicio, nos convirtió en un solo ser de
cuatro patas, a veces deforme, mutante, desfigurado, pero con un solo corazón
que latía al compás de una sola respiración. Así, pasamos del nosotros, al
singular de primera persona. Un yo sin género, dual, que se complementaba a la
perfección.
El ser mutante vivía noche tras noche como un extraño
anfibio marino cómodamente entre la arena y el mar de nuestra playa. Rebozado
en salitre, disfrutaba contemplando las luciérnagas de la inmensa noche que le
envolvía con sus cuatro ojos: los tuyos llenos de luz y los míos sedientos de
ella. Nunca encontré otros como tus ojos, que me transmitieran tanto como me
susurraban tus labios. Ellos llenaban mi vida de luz, alumbrando mi
desorientado caminar, pero ahora, desde que se apagaron ando sin sentido ni
destino. Tus ojos, entonces luciérnagas de mi particular noche, se repiten en
mi memoria como un mantra infinito.
Ahogada
por mis recuerdos, me pregunto por qué el destino te arrebató de mi lado. Debí
aferrarme a ti y partir contigo. El destino a veces nos juega malas pasadas y a
mí, me jugó la peor, dejándome desprendida, desgarrada, desamparada, sola, como
a un siamés al que le cercenan su otra mitad.
            Todavía no sé cómo pude quedarme
sentada, aislada, perdida, humillada, incapaz de seguir tus pasos y enfrentarme
a mi sino. La derrota nunca es digna y la mía fue patética.
            Ahora, como injusta perdedora de
este combate sin lucha, sigo aquí sentada, notando como la brisa enreda mi pelo
y seca mis lágrimas, mientras ahoga mis lamentos, que van dejando paso al
silencio.
Ya
solo me queda esto: continuar sentada cada amanecer en nuestra playa, frente al
mar, antes plagado de luciérnagas y ahora de soledad.
Aquí estoy, sin más, incapaz de seguir adelante y aferrada a
lo que me dejó a atrás.
Inma Bretones
@Lectoradetot

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3 Respuestas

  1. Enhorabuena y suerte con tu historia, la cual te deja pensativo y un poco derrotado.
    Estas iniciativas que incentivan a uno a escribir, hacen que valores más las historias que salen de las cabezas de los escritores que leemos. Igual hasta me animo a intentarlo.
    Gracias

  2. Dorothy dice:

    ¡Qué triste y qué bonito!…
    Yo también participo esta vez.

    ¡Mucha suerte!

  3. Isabel dice:

    Felicidades por el relato. A pesa de el tono triste me ha gustado. Gracias por compartir. Besos.

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